Crónicas de Lord Daril Riuuallon (1era entrega)

Hoy, para iniciar esta sección traemos, como una vez fue con Lenteja Morales, las Crónicas de Lord Daril Riuuallon, por nuestro amigo y forista, Darío “Lord Daril Riuuallon”. Siguiendo la misma línea he aquí la primera entrega del mismo:

Lord Daril Riuuallon se lanzó al galope, seguido de sus huestes. Los guardias del castillo se sobresaltaron por la puntualidad del ataque. Miraron fugazmente el reloj de arena apoyado en un rincón y se prepararon para el choque.

Para Lord Daril la palabra “choque” siempre había sido una forma extraña de definir el inicio de una escaramuza. Por eso su departamento de armas secretas había preparado un ariete con cabeza plana, que podía ser enganchado en las sillas de montar y acarreado entre dos monturas.

Volviendo a la batalla, los guardias pensaron en “choque” como un término estratégico que significaba el contener y resistir el primer ataque mientras llegaban refuerzos. Lo que en realidad sucedió fue que el ariete los incrustó contra la pared del castillo y estuvo a punto de hacerlos saltar de la armadura como sardinas en una lata demasiado estrecha.

Lord Daril rió casi enloquecido y se dirigió hacia el gran portón principal. Dirigió a sus huestes un guiño de ojo y los llamó al silencio.

Golpeó la puerta con el pomo de la espada y casi inmediatamente retrocedió y se puso en guardia. Pasaron algunos minutos y lo único que ocurrió fue cierto agarrotamiento en las muñecas y un murmullo general entre la tropa.

Se escucharon pisadas que provenían de una pequeña puerta situada a la derecha de la entrada principal; juzgando por el tamaño de la primera, Lord Daril intuyó que se trataba de la entrada para la mascota de la corte. Una pequeña reja fue alzada ruidosamente, la puerta se abrió con un leve crujido y un enano surgió de la abertura con aire cordial. De inmediato se dirigió hacia Lord Daril y comenzó a hablarle a su rodilla en voz muy baja.

“¿Es por lo del ataque?”

Lord Daril lo miró perplejo y comenzó a hablarle en el mismo tono de voz:

“Si, precisamente veníamos…” en ese momento recordó que su ejército entero lo estaba mirando, por lo que desenvainó la espada y agregó: “…¡a ajusticiar a vuestro caudillo mil veces maldit..!”

El enano dio un salto atrás, haciendo ademán para que bajara la voz. Miró nerviosamente a los lados y no quiso volver a hablar hasta que un escudero lo hizo upa y lo acercó al oído de Lord Daril.

“Mi señor duerme, ¿sí? Y si se despierta, se va a armar una…”

Lord Daril lo miró largamente y alzó la vista hacia su escudero, ordenándole: “Suéltalo, idiota…”
El enano cayó a tierra refunfuñando.

“Tengo una cita” argumentó Lord Daril. “Se suponía que debíamos atacar a esta hora; yo cumplí ampliamente al presentarme puntual y con un ejército, como puedes ver…” el enano miró hacia donde se le señalaba, como si no hubiera reparado en los mil guerreros a punto de morir de un calambre. “…Y ahora me decís que vuestro señor duerme. Yo creo que merezco una explicación, ¿no os parece?”.

“Sí, sí la merece…” opinaron a coro los 100 guerreros más próximos, que enmudecieron súbitamente ante la mirada de su señor.

“Mi señor se siente mal” explicó el enano. “El médico de la corte opina que se debe al maleficio de la bruja que quemaron la semana pasada, el astrólogo argumenta que las estrellas no son propicias para ocupar cargos de gobierno, la reina dice que todo es una bonita excusa para no salir este fin de semana, y a mí me parece que el oso frito del otro día nos está matando a todos.” concluyó frotándose la barriga.

Lord Daril envainó la espada y se llevó las manos a la cintura. “Uh, bueno… sinceramente lo lamento, pero podría haberme avisado. ¿No sabe que hay un invento genial que se llama palantír?”

“Lo estuvo llamando, creo, pero no conseguía comunicación. Se ligaba continuamente, e incluso tuvo una discusión con el ojito, que finalmente accedió a dejar su palantír fuera del atril unos minutos para ver si se arreglaba.”

Lord Daril alzó la vista con expresión cansina y suspiró. “Y bueno… en cuanto se recupere que me llame, así arreglamos…”.

El enano pareció aliviado con la actitud de Lord Daril.

“Por supuesto señor”, respondió mientras retrocedía. “Yo mismo me encargaré de comunicarle su mensaje”. hizo una reverencia frente a la entrada. “Que tenga un buen día”, agregó, antes de que la puertita se cerrase y la reja fuese bajada nuevamente.

Lord Daril observó, abatido, a sus hombres. ¡Con lo mucho que pensaba divertirse ese día, tendría que volver a su castillo solo! Avanzó hacia sus oficiales y ordenó que las catapultas fueran cargadas con proyectiles incendiarios. Al menos se distraería un poco antes de emprender el regreso.

Escrito por: Darío “Lord Daril Riuuallon”

4 comentarios a “Crónicas de Lord Daril Riuuallon (1era entrega)”

  1. IrWindar dice:

    CHE!!!! Y para cuando la segunda entrega!!!!

    Aun estoy esperando saber como sigue esta aventura: ¿Logro Lord Daril del apellido impronunciable re-agendar su cita?¿Se recuperaron los habitantes del castillo de su indigestion? ¿Cumplia el castillo con todas las normas contra incendios?

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