Los Amigos

 
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Baal
Elfo Sindarin
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MensajePublicado: 24-04-2005 13:29    Asunto: Los Amigos Responder citando

La siguiente es una leyenda de Menegroth, de las muchas que fueron recopiladas en tiempos modernos por filólogos y estudiosos de las viejas leyendas de Beleriand. Dichas historias forman un corpus que no solo tiene como eje Menegroth, sino todos los pueblos y reinos que en esas edades proliferaron. El legado de Beleriand no solo puede apreciarse en el texto principal que sobrevive hasta nuestros días, tal es el Silmarillon, sino en estas narraciones recopiladas y conocidas como los Apócrifos de Beleriand.
<<Los Amigos>> aporta algunas ideas sobre el pensamiento élfico de Menegroth, como la visión que tenían acerca del mundo, totalmente diferente de las concepciones que tenían los elfos del este del reino de Curufín, pero del que también nos da una idea. En cuanto a la relación del conocimiento hay estudios realizados sobre las múltiples vinculaciones del pensamiento de élfico de la época. Hay hipótesis y teorías comprobadas sobre que la Guerra de las Joyas está fuertemente ligada a la ruptura que produjo el pensamiento Feanoreano y las concepciones que los antiguos ainur traspasaron a los elfos en Aman. Sin embargo solo hay pequeñas alusiones de esta problemática en el Silmarillon. La razón es que el Silmarillon es una obra destinada a preservar toda la historia de los días antiguos y por lo tanto no posee otra necesidad más que la de mostrarnos el panorama general de los grandes sucesos de esa época.
Por eso los <<Apócrifos de Beleriand>> resultan un documento importante, ya que dan cuenta de muchas cuestiones, olvidadas en ese gran texto que es el Silmarillon, sobre la vida intima de los elfos durante esa edad.


Los amigos.

En los tiempos en que la bella Luthién lamentaba por sus amores con Beren, vivió en Menegroth un joven elfo hijo de una ilustre y noble familia de la corte del rey Thingol, llamado Eldain. La misma reina lo había escogido como su paje porque observaba que el muchacho poseía una gran sensibilidad.
Eldain era un elfo joven y virtuoso, le encantaba leer y escribir poesía; le gustaba escuchar bella música. A menudo la reina Melian lo dejaba oír su espléndido canto en los jardines reales y Eldain escribía odas a la señora y sobre las fantásticas historias que la reina le narraba. Pero era la belleza de Doriath y sus bosques, de Neldoreth, Región o Brethil, la fuente inspiradora de sus versos. Incursionaba seguido en el tupido bosque y allí componía sus poemas sobre su contemplación de la naturaleza. Porque jamás le gustaron los cantos de los bardos y cantores cortesanos, le parecían que eran miel para los oídos del rey y aire para pechos guerreros. De Modo que Eldain continuó cultivando sus más bellas flores rodeado de tanta placidez y esplendor.
Un día el joven paje salió por la noche a internarse en la espesura de los bosques de Doriath, porque deseaba contemplar vertida la luz pálida de la luna sobre la foresta. Pero tan oscura fue la noche, tan de repente desapareció la luna y declinaron las estrellas, que Eldain no reconoció las sendas por las que iba y se perdió. Anduvo deambulando como un fantasma hasta que apareció en un claro del bosque donde refulgía el fuego de una pequeña hoguera. Fue grande su asombro al ver que allí se encontraba una persona calentándose junto al fuego. Al acercarse pudo comprobar que se trataba de un orco, un orco tan joven como él.
Eldain no tuvo miedo de acercársele, aunque recordó los cuentos de los viejos que siempre hablaban de los orcos como monstruos y seres malvados que lastimaban o raptaban a los elfos. Por el contrario, se llegó amablemente hasta donde estaba el orco y al percibir cierto temor en sus ojos se acercó aún más.
- ¿Qué haces aquí en una noche tan oscura?- Preguntó el elfo.
- Me encuentro perdido- respondió el orco.
- ¿Pero cómo has podido llegar? Dicen que es imposible atravesar este bosque- Dijo Eldain.
- Si es imposible, entonces ¿cómo llegaste tú hasta aquí?- Dijo el orco.
Eldain sonrió ante la sagacidad y rapidez con que respondió el orco.
- ¿Cómo te llamas?- Preguntó el orco.
- Eldain ¿y tú?- Pregunto a su vez el joven elfo, mientras se sentaba junto al fuego.
- Mi nombre es Otol-Mogg – Respondió el muchacho.

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Anibal Veloso

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Última edición por Baal el 26-04-2005 20:15, editado 2 veces
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Baal
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MensajePublicado: 24-04-2005 13:31    Asunto: Responder citando

Ambos continuaron hablando de muchas cosas y la noche pareció estática y eternamente larga, más la noche cedió paso al día. Eldain se dispuso a partir, invitando a Otol-Mogg a Menegroth. Pero Otol tenía miedo, pues sabía del temor y el odio que podía llegar a despertar en la ciudad y pensó que allí podría sucederle algo malo. Eldain llegó a la misma conclusión y ambos decidieron que guardarían el secreto del encuentro y que Eldain volvería todas las noches al bosque sagrado de Neldoreth hasta Otol, trayéndole su música, sus poemas y viandas para su amigo. Entonces ambos amigos se despidieron y retomando los caminos perdidos Eldain regresó a Menegroth.
En la ciudad nadie se había percatado de su ausencia, menos la reina que lo esperaba desde muy temprano.
- ¿Dónde has estado?- Le preguntó aireada doña Melian.
- He vagado por el bosque para inspirarme- Dijo Eldain.
- ¿Has escrito algo nuevo?- Preguntó la señora Melian.
- Nada- Dijo Eldain y la reina lo miró con sus ojos que son como los ojos de una lechuza que penetran en la noche más oscura y ven todo lo que se mueve dentro de ella.
- Fue una noche realmente sombría la que pasaste en la arboleda- Dijo la reina. Eldain la miró pero no resistió la impasibilidad de los ojos de Melian. La reina le ordenó que al instante trajera un libro de la biblioteca de su aposento real, llamado “La llama de las cosas”.
Melian le comento al paje que tal libro había sido escrito por un ainu que abandonó Arda hacía mucho tiempo. Pero las ideas de este ainu, comentaba la reina, habían sido producto de una larga y afanosa discusión entre ainur que había tenido lugar mucho antes que aparecieran las primeras luces que iluminarían la tierra.
- Por aquel tiempo- Contaba Melian- la tierra era un sitio de sombras. Nosotros ya conocíamos la noche etérea del vacío que está más allá de Arda, cuando nos movíamos como llamas vacuas en medio de la pesada oscuridad. Sin embargo la oscuridad de Arda nos inquietaba y nos desconcertaba aún más. Deambulábamos como espectros, más nuestro espacio no era vasto como el abismo de Ilúvatar. Esta oscuridad era distinta. No podíamos andar tranquilamente: chocábamos siempre con cosas y no sabíamos qué eran, pues estábamos como ciegos. Había formas que debíamos tantear en la noche para no llevarlas por delante.
Algunos ainur decían, por aquel entonces, que no importaba andarse con cuidado por aquellos lugares, puesto que la tierra era amorfa y no importaba que destruyéramos su geografía, ya que luego se restablecería bella, con perfecta simetría, por manos de los ainur. Sin embargo otros ainur sostenían que tras el velo nocturno que cubría a la tierra, podía esconderse la perfecta simetría de Arda. Ellos no negaban la deformidad de Arda. El terreno era irregular; muy pronto uno podía estar en un pozo sin fin como en elevada peña; o bien podía estar en pantanos cenagosos o ásperos desiertos o frente a puntiagudas rocas. Además había cosas que se movían que no llegábamos a descubrir ni distinguir. Pensábamos que Arda era muchos estados, pero no dudábamos que estos estados fueran solo de la tierra. Tal vez pertenecían a otros elementos.
Los ainur que postulaban la importancia de la <<forma amorfa>> de Arda fueron llamados <<Los Ardorianos>> que eran partidarios a respetar cada arista de la inconstante tierra.
Estos ainur iban comúnmente juntos, discutiendo estas cuestiones, y había entre ellos Maiar y Valar que ya no están entre nosotros, y aun otros, que amando la tierra tal como es, decidieron permanecer en ella para seguir descubriéndola, maravillados por su misterio y oscuridad.
Dos de los sabios, Olorin y el valar al que llaman Ulmo, descubrieron que los variados estados de la tierra, como su irregularidad, se debían a diferentes latitudes que ellos midieron colocándose en diversos puntos de Arda. De esa forma comprobaban que Arda no era amorfa en una sola forma, sino que poseía diversas <<formas amorfas>>. Ulmo también formuló la idea de que en la tierra existían otros elementos, además de los sólidos, donde se asentaban los ainur, y que esos elementos no eran variaciones de la materialidad terrestre.
Otro sabio llamado Baal, basándose en las ideas de Ulmo, distinguió los términos y conceptos de Arda y la Tierra. Entonces estaría la tierra, pero junto con ella otras materias, que no pertenecen a ella, sino más bien que junto con ella formarían la totalidad que nosotros llamamos Arda, el mundo total.
Melkor, junto con otros ainur como Aule, era partidario de reformar e investigar las profundidades de Arda. Él no pertenecía a ningún grupo de sabios pero dijo que si los elementos eran distintos y diferentes, estos no estaban atados a nada y que andaban libremente azuzándose entre sí sin mucho cuidado. Luego, Melkor, en sus incursiones solitarias observó que había una materia invisible que provocaba el vacío en Arda, pero este vacío era completamente diferente de aquel que se encontraba más allá de Ea, que era el universo inmaterial. Si los ainur se movían este vacío se agitaba. Entonces la idea principal de no alterar Arda se tambaleaba, puesto que existía algo invisible que sin saberlo los ainur estaban alterando. A este principio Melkor lo llamó “Aire” y vio que podía ser manejado a voluntad, y que, aunque leves movimientos solo podían modificar levemente el curso del aire, si se provocaban grandes impulsos el aire respondía hasta modificar otros compuestos.
Baal clasificó de acuerdo a este descubrimiento varios estados del principio “aire”: viento, borrasca, tempestad, etc y sus posibles consecuencias sobre otros materiales. Ulmo observó que las respuestas eran distintas en diversos o similares elementos. En ese tiempo él mismo descubrió el principio líquido al que llamó “Agua” y la diferenciaron de la “Tierra”. Y así los sabios siguieron clasificando y estudiando las propiedades de las cosas que encerraba Arda en su oscuridad.
- Pero entonces la idea de los ardorianos estaba equivocada- interrumpió Eldain- Entonces sí se podía cambiar la hechura de Arda, y los ainur lo estaban haciendo sin darse plena cuenta de ello.
- No es tan simple- respondió Melian- El argumento de Melkor no tenía refutación: si los ainur no deambulaban por Arda, esta se mantendría en eterna y plácida calma, pero si en cambio se movilizaban, aunque más no sea para surcar lentamente el espacio aéreo, los principios se volverían activos. De modo que solo existirían Los Poderes del Mundo, como él los llamó, y estos poderes podían transformar Arda a voluntad. Arda estaría viva solo por estos poderes. Además la idea de Melkor tenía mayor sustento por cuanto se apoyaba en la concepción de la Gran Música; si los ainur habían dado comienzo al mundo, también podían ayudarlo a formarse, modificando la partitura que ellos habían escrito.
- Y eso es lo que se ha hecho desde aquel tiempo- interrumpió Eldain.
- La idea de Melkor fue seguida por muchos ainur- Dijo la reina- Llevada a la enésima potencia por los que pasaron a llamarse “Los poderes del Mundo”, los valar. Cada uno tomó una misión para Arda. Los más poderosos se hicieron dueños de la tierra, el agua y el aire. Se convirtieron en <<La Voluntad de Arda>>. Pero así, con este concepto, Melkor justificó sus propios intereses, puesto que todo lo que se formaba era pasible de deformarse o formarse de otro modo, etc. No existían límites y Melkor fue el primer principio creador y destructor de Arda.
Entonces tal vez no podía modificarse todo a voluntad, corrían riesgo los propios Valar de estar atados a un cambio constante. No habría nada firme. “Lo elevado” dijo una vez Olorin “debe, en primer lugar, posarse en lo que sustenta”.
De la rama de los ardorianos surgió otra camada de pensadores que había nacido a partir de las ideas de Danaan. Danaan escribe su libro luego de la caída de <<Las Dos Lámparas>>, cuando ya no había dudas sobre la geografía de Arda y cuando el cuestionamiento de Melkor parecía haber desbancado las concepciones ardorianas.
Danaan saca su libro en medio de la incertidumbre que envolvía Arda, como la luz de la luna rasga de pronto las sombras en una noche oscura.
Su idea era que existía algo más profundo en las cosas. El toma como ejemplo el agua. El agua se altera mediante estados de otros elementos que la afectan; de alguna manera sus estados están determinados por el aire o el fuego. El agua de esta manera puede adquirir un estado sólido si hay grandes porciones de aire y no tanto de fuego; un estado líquido si hay un justo medio entre aire y fuego; una forma vaporosa si predomina el calor. Sin embargo hay otra cosa que permite al agua ser modificada por estas potencias y pasar de lo sólido a lo vaporoso. Y esto es lo que permite pensar solamente en agua y no en fuego, aire o tierra. Es decir, existe algo que permite que el agua se transforme sin dejar de ser: agua. Si eso, que posee el principio, se pierde no podríamos hablar más del principio, no habría más agua, tierra, aire, fuego, etc. Esto ocurriría con cada materia particular.
Danaan habla en este punto de “La Llama de las Cosas”. Esta “llama” es lo que en verdad es la cosa; es algo que no puede alterarse puesto que si se altera la cosa dejaría de serlo. Danaan observa que los estados del agua son necesarios y que estos cambios están previstos en el principio. Para que la tierra sea fértil necesitará ser rociada con lluvia, pero la lluvia es ante todo agua líquida <<evaporada>>.
De modo que estas variaciones en las potencias están comprendidas dentro de las posibilidades que tienen los principios u elementos, de expresarse. No importa que un Valar, ainur, potencia u elemento afecte a otro, el elemento afectado solo responde de acuerdo a sus propias leyes internas. De modo que no es tan libre la acción que podemos realizar sobre las cosas. Pero si un ser quisiera alterar este “centro” de la materia, de la potencia, podrían suceder dos cosas: el ser que pretende modificar la cosa descubre su im- potencia para transformar la cosa, o la cosa termina por destruirse para siempre. El agua dejaría de serlo y sin agua dejarían de ser otras cosas.
- ¿Pero no podría crearse algo nuevo?- Preguntó Eldain.
- Podría, y al parecer ya se ha hecho. Aunque Danaan postulaba que en realidad jamás podríamos llegar al centro o llama de las cosas. Es algo desconocido para todo ser y sin embargo está presente en cada uno- Dijo la reina y prosiguió- Luego del libro “La llama de las Cosas” comenzó a resurgir con mayor fuerza el pensamiento ardoriano, formándose así el grupo de pensadores llamados “Los Sabios de la Llama o Fuego Secreto”. Coincidió su aparición con la ida de los Valar hacia Aman y el desligue, de acuerdo con estas nuevas ideas, de la voluntad de Arda.
- Pero luego volverían a las andadas…- Interrumpió Eldain. La reina sonrió.
- Solo algunos- Contestó Melian y continuó su narración- “Los Sabios de la Llama Secreta” se dedicaron a un estudio profundo y minucioso de la obra de Danaan, que había regresado entre los ainur del espacio exterior, junto con Eru, para ya no regresar. Muchos de los sabios se dedicaron a la magia y a formulas y estudios oscurantistas. Olorin fue uno de estos grandes sabios y también estuvo en ese tiempo Melian, tú reina.
Los danaanistas tenían al “centro” de las cosas como inalterable y Olorin decía que esa llama podría equipararse al alma o escencia de las cosas, solo que si el alma de los seres existe, también debería poseer ésta una llama interior. En definitiva, decían que la llama era motor del universo pero que no sabían qué principios podían conformarla.
Como te decía hay quien, se cree, penetró en este centro una vez. Era un elfo que realizó una nueva lectura, aun más compleja de la ciencia danaanista y se llamó Feanor. De hecho él tradujo el libro a su propia lengua, cuando ya los elfos manejaban su propio lenguaje escrito en Aman.
Feanor tuvo una fuerte base danaanista pero matizada con pensamientos melkorianos y auletianos. Y como producto y articulación de ambas concepciones, Feanor creó las gemas que hoy se tienen por las obras más enigmáticas y valiosas de Arda: Los Silmarils.- En esto la reina se interrumpió- Pero esa parte de la historia es otro tema que trataremos en otro momento. Ahora, querido Eldain, puedes llevarte el libro y leerlo tranquilamente en la quietud del bosque.
Eldain saludó a su reina y se retiró de su presencia. Melian sonreía dulcemente al despedir al muchacho.

Pero el paje regresó al bosque por la noche. Era nuevamente una noche oscura y nadie notó su ausencia en Menegroth. Conociendo el camino, no le fue difícil hallar el claro del bosque dónde su amigo lo esperaba.
- ¡Otol!- Saludó Eldain a su amigo en un abrazo.
- ¡Amigo Eldain!- Dijo el Otol y lo recibió con los brazos abiertos.
Luego se dispusieron en derredor del fuego y Eldain mostró la comida que había traído para su amigo. Otol degustó ricos manjares hecho por las manos de los elfos y Eldain probó una rica bebida que el orco había preparado con raíces de ciertos árboles.
La bebida era tan dulce y reconfortante que Eldain sintió el deseo de hablar de todas las cosas que Melian, su maestra, le había enseñado. Y le contó a Otol toda la historia que la reina le narró durante el día sobre la Llama de las Cosas. Y el joven orco escuchó atentamente y todo entendió claramente de cuanto allí contó Eldain.
- Tenemos una historia- Dijo Otol cuando Eldain culminó su narración. –Los orcos tenemos una historia. Cuentan que existe un ser que se llama Ur, que muchos de nosotros adoran. Por eso muchos lo llaman dios y otros Abuelo. El Abuelo es tan viejo que nadie sabe cuando nació, ni de dónde vino. Hay quien está descreído de su existencia; comprende que nuestro pueblo es un pueblo descreído, por el yugo, por el dolor.
Pero dicen nuestras historias que se mostró hace mucho tiempo ante nuestros viejos ancestros, con una forma que era todas las formas. Dicen algunos que semeja la roca deforme de las montañas con las cúspides coronadas de ramas verdes y de la luz solar que traspasa las hojas. Por los innumerables huecos de las ramas se filtra el agua, en una lluvia de sonido y de luces iridiscentes. Es tan terrible su imagen, tan majestuosa y hermosa a la vez, que aquellos que la miran sienten la belleza del mundo ante sus ojos.
- Es precioso Otol... Casi diría que puedo ver a Ur en mi mente- Dijo Eldain conmovido por lo que su amigo había contado.
Así ambos amigos continuaron contándose historias, riendo a veces, sorprendiéndose otras tantas, por todas las cosas nuevas y extrañas que desconocían uno del otro.
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Anibal Veloso

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Baal
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MensajePublicado: 24-04-2005 13:32    Asunto: Responder citando

Por la mañana Eldain se dispuso a volver, pero, de pronto, en pleno día, no encontró el camino y se perdió. Parecía que la foresta se comportaba de una extraña forma, se retorcía, se agitaba, como si los árboles se estuvieran moviendo y cambiando de lugar. Eldain se perdió y en Menegroth notaron su ausencia.
- Es ya mediodía y no he visto a Eldain. ¡He soñado algo!- dijo la madre de Eldain al padre del muchacho. – Tuve un sueño extraño: de repente todo el bosque se volvía un laberinto y Eldain se perdía para no regresar. ¡Oh, querido tengo miedo!
- Pues iré a dónde la señora Melian para saber de él- dijo el elfo tratando de tranquilizarla. –No te preocupes, seguro estará a su lado.
Entonces su padre fue hasta el palacio real y pidió ver a la reina. La señora Melian estaba paseando en sus jardines rodeada de sus doncellas como las mariposas aletean graciosamente en derredor de las flores de niphredil.
- Mi reina, vengo en busca de mi hijo, por saber que es de él- Se presentó el padre de Eldain haciendo una reverencia, ante la reina Melian.
- Saludos noble Elgor. Sabe que Eldain no se ha presentado esta mañana conmigo- Contestó la reina.
- ¿Pero vos no le habéis visto?- Pregunto Elgor.
- Sólo ayer lo vi, por la mañana y le di un libro para leer- Dijo la reina. –Había ido a leer al bosque.
-¡Al bosque!- Grito asustado Elgor. -¡Se ha perdido en el bosque! Mi esposa ha tenido un sueño del que despertó angustiada. Creyó ver que el bosque se tragaba a nuestro hijo. ¡Tiene que ayudarme!
- Tranquilízate amigo- La reina tomó a Elgar de la mano mientras le hablaba seriamente. –No te ha de faltar ayuda amigo mío, ve ante el rey y dile cuanto te aqueja, él te escuchará y bien lo sabes. Ve y te prestará auxilio yo misma pondré en su pensamiento que escuché la voz de sus amigos.
Y Elgar fue hasta el rey Thingol que lo acompaño él mismo con una guardia real que se internó en el bosque. Para este tiempo ya todo el mundo en Menegroth sabía la noticia del extravío de Eldain y se habían propuesto trabajar mancomunadamente en hallarlo. Melian se mantuvo encerrada en su palacio y no dio audiencia, acusando que se sentía indispuesta.
La tropilla de Elfos exploraban el bosque cuando ya declinaba la luz del sol y llegaba la noche por cima de los enormes árboles. Algo inquietó al grupo de los elfos: los árboles parecían monstruosos. Sus ramas parecían negras garras y el cielo había adquirido un color rojizo como la sangre en el crepúsculo.
- Hay una fuerza oculta- Dijo el rey. – Pero Melian ha andado a menudo por estos bosques.
Elgar vio de repente una fogata en un claro del bosque y los perros que iban con los elfos se enfurecieron vehementemente, arrastrando a los hombres hasta el lugar.
- ¿Quién eres?- Dijo Thingol soberbiamente a la sombra que se movía furtiva en la oscuridad.
- ¡Es un orco!- Dijo una voz.
- ¡Hay una canasta aquí!- Dijo otra voz. –Fue hecha por manos élficas.
- ¡Hay un libro!- Dijo otro- ¡”La Llama de las Cosas” de Danaan!
- Ese mismo libro estaba en la biblioteca de Melian, tal vez ella debió habérselo dado a Eldain- Dijo Thingol.
Ante los elfos consternados y los perros que mostraban feroces sus colmillos, Otol retrocedió asustado, manchado con la luz roja y purpúrea del crepúsculo.
- ¡Detente!- Gritó Thingol.
Otol aterrado tomó una daga porque se le avecinaban los elfos como cuerpos oscuros, ocultando la luz del ocaso.
Elgor avanzó entonces rápido como una flecha, espada en mano para atrapar al orco y Otol movió rápidamente su mano en donde tenía la daga y en un instante la hoja afilada del cuchillo destelló un fulgor sanguíneo. Los Elfos aterrados detuvieron a Otol con certeras saetas inmovilizando al orco. Otol cayó derrumbado en tierra instantáneamente.
El velo rojizo con que se cubría la noche se apagó y las sombras reinaron en el bosque. Otol parecía un cuerpo oscuro en medio de la oscuridad. Sin forma, indistinguible.
Entonces algo operó en los árboles y Eldain fue liberado. Corrió entre las zarzas y espinos lacerándose la piel, un fuego vivó lo llevaba a correr desesperadamente y de pronto se halló en el claro del bosque donde las noches anteriores había ido al encuentro de Otol.
- ¡Hijo!- Grito su padre abrazándolo. -¿Dónde has estado, hijo?
- ¿Qué sucedió padre?- Preguntó Eldain asustado, como fuera de sí.
- Ha muerto un orco- Dijo Thingol- ¿Tú le conocías?
¿Tú le conocías? ¿Tú le conocías? Resonaba en la cabeza de Eldain la voz del rey.
- ¿Me preguntan si yo lo conocía?- Decía Eldain, mientras se alejaba del grupo. –Era mi amigo... Hace dos noches lo conocí y hace dos noches supe que sería mi mejor amigo... ¿Dónde está? ¿Qué le han hecho? ¡Otol, Otol, dónde estás! ¡Por qué no puedo verte! ¿Te has perdido en el bosque, amigo? ¡La noche ha devorado tu cuerpo!
- No está en su juicio- Dijo Thingol friamente- Llevémoslo.
- ¡Dejadme!- Gritó Eldain que ya había visto el cuerpo yaciente de su amigo. –Aquí estás Otol. ¡Qué callado estás! ¿Por qué no dejas que escuche tu voz? ¡Era tan distinta a cuantas había escuchado en mi estrecha vida de Menegroth! ¿Por qué me parece ahora horrible tu cuerpo?
- Esta muerto- Dijo un elfo.
- ¿Tal vez sea por eso que no escucho tu voz?- Le preguntaba Eldain a Otol. – ¿Por eso no te reconozco? ¡Oh, amigo deja salir tu voz una vez más para que pueda escuchar todas esas cosas hermosas que decías! ¡Oh, Otol creo que ya puedo ver a Ur! ¡Otol ahora me parece tan hermoso tu cuerpo, tan parecido al mío y a la vez tan precioso! ¡Ah, Ur!
Y diciendo esto cayó desvanecido sobre el cuerpo de Otol pero por más que los elfos trataron de despertarlo ya no pudieron...
Los elfos llevaron el cadáver de Eldain hasta la reina Melian por ver si esta podía obrar en el destino del muchacho. Pero la reina no pudo ejercer ningún poder de carácter curativo y Eldain se desvaneció esa noche para siempre.
Los padres del muchacho lloraron amargamente y para alivianar en algo este dolor, el rey mandó colocar una estatua del joven en la gran sala del palacio, tallada en la madera de un fresno, que crecía en las inmediaciones del claro donde Eldain, sin saberlo los elfos, se reunía con su amigo. La estatua todavía conserva un lugar privilegiado entre otras de ilustres personajes, y quienes visitan el palacio del rey pueden admirarse de la maestría del artista que supo plasmar la belleza de Eldain en el viejo madero. Sin embargo hay quien dice que el espíritu del paje de la reina no quedó en la obra de Luonard, el elfo que imitó la figura de Eldain en el fresno, sino que vaga fantasmal en las inmediaciones del bosque donde se encuentra Otol.
Dicen que su figura es negra y oscura como la noche y grita a cada paso el nombre de su amigo perdido. Hay quien dice que lo vio en el claro que aún se abre en el bosque y que en una noche estrellada se puede ver el contorno de su cuerpo negro como el plumaje del abismo.



NOTA: Algunos mitólogos explican la leyenda desde otro punto de vista que el que le dan los filósofos. Desde el punto de vista mítico explican que Eldain encarna la leyenda de cierta ave extinta ya en los tiempos de Thingol, y que vivía en los bosques de Doriath. Fundamentan sus ideas en el mito de <<La reina pájaro>>, por la cual la reina Melian encarnaba el espíritu de las aves y según dicen también su hija Luthién que era llamada <<Ave del Crepúsculo>>, y hallan íntima relación entre los epítetos que se les atribuyen como <<ruiseñor>>, <<cantora del crepúsculo>> y el viejo mito de la Señora Melian.
Así Eldain estaría identificado con el ave denominada Othollinde. El significado original del nombre se perdió para siempre, por que se encuentra relacionada con la Primera Lengua de los Orcos [Denominada <<Ognamón>> (pronunciase “oñamón”) por los orcos, según figura en la filología de Daeron], perdida en la última batalla contra Melkor.
Según los mitólogos Othollinde era un ave de plumaje negro como el del cuervo pero era aún más grande que esa ave. Su pico un tanto curvo y su plumaje oscuro indican que era un ave carroñera.
Una de <<Las Lamentaciones>> [número tres] de Daeron tiene un pasaje que alude al ave de negro plumaje:

“(...) De gemidos al igual que la nocturnal ave,
De gemidos se llena mi garganta.
Buscó cadáveres en la noche
¡Recuerdos de mi dicha pasada!
(...)”

Del nombre de Othollinde derivaron apelativos femeninos como Odolinda, Otilia, Clotilde, etc. Y otros masculinos como Clodomiro, Otto, Clodoveo, etc. Pero de significados tan variados que, a pesar del esfuerzo de los filólogos, fue imposible reconstruir el sentido original del nombre Othollinde, que algunos dicen significa <<Canción lamentable>> o <<Lamentación>>.

Aníbal A. Veloso
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Última edición por Baal el 13-05-2006 21:02, editado 2 veces
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Meriadoc Brandigamo
Señor de los Gamos


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MensajePublicado: 27-04-2005 12:03    Asunto: Responder citando

Lo qué?! Lo qué?! Lo qué?! Lo qué?! Lo qué?! Lo qué?! Lo qué?! Lo qué?! Lo qué?! Lo qué?! Lo qué?!

Excelente... Me encantó. Muy bien relatado, muy interesante...
Me metió totalmente en el mundo ese, me pareció muy coherente con el Silma, y las explicaciones se ajustan con mucha verdad, te debe haber tomado mucho trabajo que esté todo tan cuidado!!!
Impresionante también como insertás citas y detalles bibliográficos, al mejor estilo Borges, le dan mucho sabor al relato.
Podría citar muchas partes, pero estas dentro de la parte filosófica

Cita:
Si los ainur se movían este vacío se agitaba. Entonces la idea principal de no alterar Arda se tambaleaba, puesto que existía algo invisible que sin saberlo los ainur estaban alterando. A este principio Melkor lo llamó “Aire” y vio que podía ser manejado a voluntad, y que, aunque leves movimientos solo podían modificar levemente el curso del aire, si se provocaban grandes impulsos el aire respondía hasta modificar otros compuestos.


/me recuerda que Satán es el rey del Aire.

Cita:
“Lo elevado” dijo una vez Olorin “debe, en primer lugar, posarse en lo que sustenta”.


Muy buena frase.

¿Cuanta filosofía leíste para escribir esto? Estas desbancando a los presocráticos, y la parte del agua en sus estados me recordó a la cera de Descartes...

En suma, buenísimo, y me alegro de haberme animado a leerlo pese a su longitud: en cuanto terminé el primer post ya estaba atrapado y lo hubiera leído aunque fuese del doble de largo.

Pd: Quiero más! Jeje
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Baal
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MensajePublicado: 28-04-2005 20:57    Asunto: Responder citando

Muchas gracias!!! Muy Feliz! no me alcanza la sonrisa debería ser más grande guiño

Gracias, gracias, aunque no siempre todo lo que es grande, extenso, elevado, pomposo es bueno, fui pensando y llegué a la conclusión, a la hora de terminar la idea total del cuento, que el esquema y la escritura un tanto luenga, eran las correctas para expresar mis ideas.

Muchas gracias sobre lo de Borges pero no será para tanto?

Saludos y prometo que habrá otras historias sacadas de los <<Apócrifos de Beleriand>>

P.D.: creo que hay unos recopiladores de cuentos, tipo hnos. Grimm que quieren publicar algunas historias.
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Anibal Veloso

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MensajePublicado: 29-04-2005 03:23    Asunto: Responder citando

¡¡¡Realmente Genial!!! Lo qué?! Lo qué?! Lo qué?!
Adoración Adoración Adoración Baal
Todo bien Todo bien Todo bien Todo bien
Me sumo a la campaña por otra más.
Valió la pena leerlo todo. Me encantó el toque filosófico.
Admirablemente dramático...
_________________
Hagamos la prueba de ser felices...

Humpty Dumpty,
sat on a wall,
Humpty Dumpty,
had a great fall.
All the king's horses,
and all the king's man,
couldn't put Humpty,
together again...
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