El Reloj de Arena (cuentito del Pack)

 
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Heyadë
Elfo Noldor
Elfo Noldor


Registrado: 25 Feb 2002
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MensajePublicado: 12-11-2003 12:21    Asunto: El Reloj de Arena (cuentito del Pack) Responder citando

Hola!!! Hace rato no posteaba nada en esta sección...les dejo un cuento por si tienen ganas de leer en esta mañana lluviosa... guiño

El reloj de arena

El viejo llamó una nublada mañana de julio. Nunca me voy a olvidar. Yo estaba tomando café en la cocina, mirando el pequeño jardín por la ventana. Los timbrazos me sobresaltaron, era un día muy frío; y estaba a punto de abrir la relojería, lo recuerdo muy bien.
Atendí la llamada, y su voz cascada me dijo, no sin cierta dificultad:
─Buenos días, quisiera vender un reloj de oro, es muy antiguo, pero está en buen estado. Necesito saber cuánto estima que sería el precio, porque yo no puedo ir hasta allá, no puedo caminar...
Era evidente que hacía un esfuerzo para hablar, en ese momento pensé que tal vez de trataba de una persona muy mayor, o con problemas de salud.
Le estaba por pedir mayores detalles acerca de la pieza que deseaba vender, pero se excusó diciendo que se agitaba al hablar, y me dijo que más tarde llamaría para darme su dirección y arreglar una entrevista.
Le dije que esperaría su llamado, y le pedí su nombre. No lo escuché muy bien, e inmediatamente después el hombre cortó la comunicación.
Tomé mi libreta de anotaciones, y garabateé unas palabras. “Reloj antiguo, de oro, buen estado. Esperar llamado para entrevista. Señor...” Bueno, la verdad es que me resultó muy exótico el apellido que me dio (o lo que escuché, fuese lo que fuese) así que anoté, con letras mayúsculas: Señor NIGURHATH. Lo escribí así, con esas dos ‘haches’, porque me pareció que el viejo lo pronunciaba así, de una manera extraña.
Terminé mi café y me dirigí al negocio propiamente dicho. Estaba delante de mi casa, y se comunicaban entre sí por un pasillo angosto y no muy largo. Me seguía el gato, como todas las mañanas. Trece, así le había llamado mi hijo, y así lo conocía toda la familia, amigos y vecinos del barrio.
Entraron algunos clientes, para reparación de relojes de pulsera y de pared, y una señora que quería vender un reloj de pie, del cual me trajo una fotografía. Bellísimo objeto, una obra de arte. Le indiqué a la señora una casa de antigüedades; yo no tenía la pequeña fortuna que valía esa pieza.
Trabajé hasta cerca del mediodía, momento en el que hice una pausa para beber algo caliente y distraer la vista. Cerré con llave el negocio y me dirigí a la cocina. Elegí una sopa de tomate, y mientras la ponía a calentar encendí la radio y me preparé un sándwich. Trece reclamaba su parte en el asunto, dándome fuertes topetazos en las piernas. Probé la sopa. ¡Hum! Estaba sabrosa...
Y sonó el teléfono, una, dos, cinco veces, hasta que respondí. Era el viejo, el viejo del reloj de oro; de nuevo con dificultad para hablar. Se escuchaba agitado, pero se esforzaba para que yo comprendiera bien los datos. Anoté en mi libreta:
Señor N. México 2666. Departamento 4. Pasar mañana entre 19 y 19.30.
Cortó antes de que pudiera corroborar su nombre, así que tendría que apelar a mi pronunciación. Trece maulló al tiempo que se trepaba a mis pantalones. Dejé la anotación junto al teléfono y le di de comer. Almorcé yo también, tenía un apetito voraz.
La tarde fue bastante más agitada de lo normal. Desfilaron clientes hasta la hora de cerrar, y terminé bastante cansado, pero satisfecho. Aquella noche me dormí tarde, leyendo mientras llovía. Busqué a Trece con mis pies. Allí estaba, estirado al borde de la cama, apoyando la cabeza en un almohadón. Un acceso de ternura me invadió, y enseguida caí en los brazos de Morfeo.
A la mañana siguiente seguía la lluvia, aunque un poco más leve. Noté que tenía calor, y me dije que la humedad, es lo que mata. Recordé fugazmente un sueño de la noche anterior. Algo extraño, yo hablaba y hablaba, pero nadie podía escucharme. Intentaba decir algo, algo importante, pero nadie me oía. Ni mis vecinos, ni los clientes, ni Trece...
Sacudí la cabeza y traté de olvidar esa sensación desesperante. Una taza de café recién hecho y unas tostadas con miel hicieron maravillas en mi estado de ánimo.
Puse un cartel en la puerta del negocio avisando que cerraría temprano. Había decidido pasar a ver al hombre del reloj de oro, aunque más no fuese para examinar la pieza y decidir si la compraba. Se me ocurría que tal vez su dueño estaba enfermo y necesitaba dinero, no teniendo a quién recurrir.
El lugar no quedaba lejos de mi casa, estaba a treinta cuadras, a lo sumo, treinta y tres.
A las siete en punto salí con el auto para allá. Lloviznaba, y Trece había quedado durmiendo plácidamente en su canasta, en el comedor. Me dio pena sacarlo al patio, y pensaba volver a lo sumo en una hora, así que lo dejé adentro.
Un rato después, llegaba a la dirección que tenía anotada, y me preguntaba cómo demonios pronunciar el apellido del hombre si atendía alguien que no fuera él. Bajé del auto y me refugié en el alero del frente de la casa. Una casa vieja, por cierto. Tenía cuatro timbres de dudoso funcionamiento, uno de los cuales tenía un número 4 que pendía torcido de un clavo oxidado.
Toqué el timbre una vez, deseando no electrocutarme, y esperé. Estaba por tocar de nuevo cuando escuché unos pasos en el pasillo y esperé. La puerta se abrió y un joven me preguntó si era ‘el señor de los relojes’. Sonreí, imaginándome dueño del Reloj Único, que cuando te lo ponías, desaparecías. Asentí, y el muchacho me pidió que pasara. Atravesamos el pasillo y fuimos al último de los departamentos. Entramos, y el joven me hizo tomar asiento. Se presentó como el sobrino del hombre que me había llamado, y me hizo saber que su tío estaba descansando, pues había pasado un mal día con sus dolores.
Asentí, y acepté cuando el joven me ofreció una bebida fresca. La necesitaba, hacía calor, la casa estaba con calefacción, me explicó, por pedido de su tío, y él ya estaba acostumbrado. Me dijo que se llamaba Daniel Duarte, y fue a buscar el reloj de su tío para mostrármelo.
Mientras lo aguardaba, bebía con avidez el refresco con hielo. Dada la temperatura de aquel lugar, en minutos más se habría calentado. Observé los muebles, eran antiguos, pero se conservaban en muy buen estado, lustrados y en armonía con los demás objetos.
Al cabo volvió Daniel con un estuche de cuero, a juzgar por su esfuerzo, era bastante pesado. Lo apoyó con cuidado sobre una mesa ratona de madera. Y con suma delicadeza, fue abriendo los cerrojos del estuche. Eran de oro también. Me pregunté qué clase de reloj pulsera o de cadena se guardaría en un estuche así, y de inmediato me di cuenta. El muchacho había abierto el estuche, y un bellísimo reloj de arena se dejó ver a la suave luz de la sala. Me acerqué más, y me puse de rodillas en el suelo para contemplar mejor aquella pieza. Daniel encendió una luz. Una araña maravillosa en la que no había reparado, nos dio la iluminación ideal para estudiar el reloj.
Apenas lo toqué, sentí estremecerme. Una corriente helada pareció bañarme entero. Lo atribuí a la contemplación del maravilloso reloj. Daniel fue al cuarto contiguo a buscar unos cristales de aumento para facilitar la visión de los detalles del labrado. Me pareció escuchar unas voces murmurar en la otra habitación, pero no presté demasiada atención. Estaba extasiado. El reloj de arena era una pieza de oro exquisitamente labrado, la parte de cristal tenía finísimas hebras de oro a modo de dibujo, y la arena misma, parecía ser oro en polvo.
Era un objeto riquísimo, al que yo no podía en ese momento acceder a comprar, pero mi interés no decayó. Seguí contemplando, hechizado, olvidándome del mundo.
Escuché otra vez las voces, esta vez parecían discutir. Una de ellas, era evidente, era la del dueño de la casa, el señor N. La otra era de Daniel, que parecía querer tranquilizarlo.
El joven volvió con los cristales de aumento, y me los entregó al tiempo que ofrecía disculpas por la desagradable situación, pero su tío estaba gravemente enfermo, y a veces desvariaba. Incluso, había llegado a lastimarse a sí mismo, lo que le costó la amputación de una pierna. Se había abierto una herida, me explicó. Y la infección avanzó sin remedio.
Me repugnó ese detalle, pero decidí concentrarme en el reloj. Lo estudié durante mucho tiempo y varios vasos de refresco que me alcanzaba Daniel. Él, me repetía, se había acostumbrado al calor de la casa.
Daniel tomó la palabra. Me indicó que el reloj de su tío había pertenecido a la familia desde siempre, y que había sido una decisión difícil venderlo, pero con ese dinero podrían costear un tratamiento para que su tío tuviera un buen pasar por los años restantes. Pregunté la edad del hombre, y me respondió que el anciano tenía 96 años.
Volví a mirar el reloj, y nuevamente me sentí hipnotizado por su encanto. Me sentí mareado, y en mi cabeza no dejaba de desfilar una palabra.
Nigurhath.
Daniel me ayudó a llegar al sillón y abrió una ventana. Me sentí un poco mejor. Le pregunté cuál era el nombre de su tío, y me dijo que tendría que anotarlo, pues era un nombre de origen indígena.
Trajo papel y lápiz y anotó: Hugh Nig-grath. Le pedí que lo pronunciara, pero en ese momento se escuchó un quejido en la otra habitación. Su tío. Daniel se disculpó y fue corriendo a ver qué ocurría. Se escuchó otro quejido, pero desconcertado, advertí que esta vez pertenecía al muchacho.
Me puse de pie, aún contemplando el reloj. Otra vez el coro de extrañas voces cantó en mi mente:
Nigurhath. Nigurhath. Nigurhath. Nigurhath. Nigurhath. Nigurhath.
Me sostuve de la pared, mientras trataba inútilmente de acallar aquellas voces demoníacas.
Y entonces escuché un terrible grito, de una voz ahogada, viejísima, terrible... Sentí que se me aflojaban las piernas, y me senté, muy mareado. Llamé a Daniel, pero lo escuché gemir del otro lado de la puerta cerrada. Intenté levantarme, pero no pude. Mi cabeza daba vueltas, y ante mis ojos desfilaban imágenes sin sentido.
Las voces en el cuarto contiguo eran cada vez más penetrantes, me llamó la atención que no fueran agudas, sino decididamente graves, chapoteantes, viscosas.
Mi mareo no cedía, y comenzaba a sentirme muy aturdido e inquieto. Evitaba mirar el reloj de arena, pero este llamaba poderosamente mi atención, y una y otra vez me descubría mirándolo con una especie de extraña adoración.
En un momento, al fijar mis ojos en la arena que se deslizaba delicadamente, me pareció ver que el fino polvo se transformaba en burbujeante sangre, espesa y de un enfermizo color púrpura.
Intenté una vez más ponerme de pie, pero al alzar la vista hacia la habitación vecina, caí desesperado por el terror.
Algo se acercaba tras la puerta, pero supe que no era Daniel, no era el tío. Lo que se acercaba reptando con un sonido espantoso, no era humano. ¡Y lo escuchaba cada vez más cerca!
Las voces en mi mente canturreaban con extraña cadencia:
Nigurhath. Nigurhath. Nigurhath. Nigurhath. Nigurhath. Nigurhath...
La sangre en el reloj, como arena sagrada, fluyendo en mágicos borbotones. Gritos incoherentes que no pude identificar como los de Daniel, susurros malignos que descendían desde la araña que iluminaba la habitación...Todo eso me enloquecía, mis pensamientos se desviaban en visiones de un pergamino de piel humana, escrito con sangre negra, antiquísimo y desconocido.
La puerta de la otra sala se abrió con un sonido espeso y caliente. Y yo no pude, no pude evitar volver mis ojos hacia Eso.
Algo avanzaba muy despacio, aplastando la alfombra y los muebles. Pero no podía verlo bien. Sí percibí su olor, un olor viejo, marítimo, inefable; que me invadía todos los sentidos.
Cantaba, Nigurhath. Nigurhath. Nigurhath. Nigurhath. Nigurhath. Nigurhath...
Y me enloquecía con esa cadencia infernal. Quise estirar una mano para tantear hasta dónde llegaba la criatura, sea cual fuere aquella, ya que no podía vislumbrarla. Mi mano chocó con algo viscoso, repelente y cálido. Pero sobre todo, inmensamente poderoso.
Me retiré espantado, y me eché hacia atrás, quedando con la espalda contra la pared. Mis ojos tropezaron con el reloj, y una serie de imágenes desfilaron por mi mente.
Una granja olvidada, en un valle desolado; un libro enigmático cuyas fórmulas y dibujos me atormentaron haciéndome llegar casi al desmayo; un viejo ermitaño, del que se murmuraban las más terribles acusaciones; Entidades escondidas, que vigilaban desde el espacio; el fragor de las montañas...
NIGURHATH.
La palabra danzaba en mi cuerpo, como si me hubiera tragado un pez vivo. La sentía debatirse y luchar para ser escuchada.
Lo-que-tenía-enfrente-mío se detuvo, y lanzó un susurro demencial, que recorrió mi ser en un instante. Al borde del desmayo, me dejé caer sentado, con la cara entre las manos. Aquella pesadilla no me dejaba pensar en otra cosa que no fuera el reloj.
Desde donde estaba sentado, pude ver a Daniel. Mejor dicho, lo que quedaba de Daniel. Había recibido un profundo corte en la cintura, se arrastraba a duras penas hacia mí.
¡Dios mío! Jamás pensé que semejante espectáculo de horror fuera posible. El pobre muchacho se abría camino con las manos, reptando sobre un charco de viscosidad.
Su mirada reflejaba el más puro espanto. Temblaba por el esfuerzo, y parecía decidido a decirme algo. Yo lo miraba, y a la vez trataba de apartar la mirada del reloj, y de distinguir la forma o estatura de la criatura que tenía enfrente, que había avanzado arrastrándose, pero sin ser visible a mis ojos.
Daniel se detuvo con un quedo suspiro, y la Criatura se movió. ¿Lo habría oído?
No podía dejar de pensar en todas esas imágenes que tenía en la cabeza, mi mente era un infierno de cánticos, símbolos, arena y sangre.
Daniel tomó aire, y lanzó una frase antes de caer. Lo que dijo fue:
─¡El reloj! ¡Aléjelo de Él!
La Criatura se volvió con furia hacia el muchacho, y avanzó hacia él, aplastándolo bajo su evidente peso. El cuerpo de Daniel se deformaba bajo la presión, y en instantes quedó cubierto de una masa anaranjada y gelatinosa.
Mis piernas no me respondían al querer ponerme de pie. Resbalé una y otra vez, pero sin saber cómo, estiré la mano y tomé el precioso reloj, y lo guardé en su estuche, cerrando los ojos mientras podía.
Aquello, supe, se volvería hacia mí. Temblando, aturdido, recordando la voz del anciano que me había llamado por teléfono, traté de tomar fuerzas. Pensé febrilmente en la manera de escapar de allí. ¡Dios! Tendría que atravesar toda la habitación, salir al pasillo, y recién ahí correr hasta la puerta.
─G’aghhhhh. Fthan’agh’r’lyleh...
La Criatura parecía hablarme, su voz... Oh, su voz... era inmunda, antiquísima, mohosa...
─¡Ïa! ¡Ïa! ¡Shub Niggurath!
Esa palabra. Niggurath... me paralizó, haciendo que las imágenes en mi mente desfilaran con más vértigo aún.
La Cosa avanzó hacia mí, despidiendo un olor de siglos atrás, putrefacto y pegajoso. La voz de Daniel se alzó en medio de los extraños cánticos en mi cabeza, con su súplica desesperada. “¡El reloj! ¡Aléjelo de Él!”
Apreté el reloj contra mi pecho, y miré hacia la puerta. Me levanté, como pude, y avancé, tropezando con todos los muebles de la habitación. Aquello estaba detrás de mío, y me daría pronto alcance si no me daba prisa.
Miraba por dónde avanzar con más velocidad, cuando la Cosa hizo silencio y retrocedió un poco. Veía las marcas en la alfombra. En ese momento no pude escapar, suele pasar que el terror te paraliza, y esta fue una de esas oportunidades.
¿Qué pasaba? ¿Me estaba distrayendo para atraparme?
Y entonces lo escuché, claramente. Era Daniel, tirado en el piso, muriendo, pero con un hilo de vida aún. Susurraba incoherencias. Decidí aprovechar la oportunidad para huir. Di media vuelta, y escuché la voz del muchacho, débil, pero decidida.
─¡Shub Niggurath! Demonio de los Tiempos Grises, ¡el Reloj de Arena Roja no será tuyo! ¡Los Antiguos no podrán volver sin él!
Daniel cayó sin sentido, murmurando algo que no pude escuchar, y la Criatura volvió a atacarlo.
Sin saber cómo, corrí, con el reloj sobre mi pecho, tan rápido como podía. Atravesé la habitación, y salí al pasillo escuchando unos terribles lamentos en una lengua de otro mundo.

No había nadie en la calle, y subí al auto temblando como una hoja. El reloj iba en el asiento de acompañante, cubierto por mi abrigo.
Llegué al negocio y dejé el tesoro allí. Fui por un trago a la cocina, y volví con una botella de ron.
La besé con avidez, bebiendo de su boca como un enamorado. Y luego me dispuse a examinar el reloj, con sumo cuidado. No pude hacerlo. Destapaba la joya para apreciarla, e inmediatamente se me nublaba la vista y cruzaban tortuosas imágenes por mi cansada cabeza. Trece jugueteaba con mis pantalones, y de golpe clavó sus uñas en mi pierna tan fuerte que me asusté. Lo miré, y en sus ojitos verdes se dibujaba un genuino espanto. Cerré la caja, y ambos nos tranquilizamos.
A la medianoche subí al auto con el resto del ron, la caja con el reloj, y Trece, durmiendo en el asiento de atrás.

No volví a ver el extraño reloj hasta esta mañana, cuando un anciano de gélidos ojos celestes, se presentó como un coleccionista, y me preguntó, foto en mano, si tenía esa pieza.
Tomé la foto y la examiné. Mi corazón, y las garras de mi gato, me dijeron que se trataba del mismo objeto macabro.
Sonreí, tratando de aparentar la tranquilidad que no tenía. Y le dije al caballero que no, que nunca habría podido comprar algo así, dado su valor. Le indiqué la casa de antigüedades más próxima. Fue el último cliente de una mañana gris.
Hace un rato volví al negocio para cerrarlo e irme a almorzar. No me sorprendió el extraño rastro de color anaranjado que se alejaba hacia la puerta, ni su pestilente olor de antiguos ritos primordiales.


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Nienor
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Registrado: 27 Dic 2002
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MensajePublicado: 13-11-2003 15:47    Asunto: Responder citando

Me encantó, Heya!!!!
Ta muy bueno, me hizo acordar a Lovecraft. SonrienteSonrienteSonriente
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"Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas:
no han de ser tus caídas tan violentas
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PippinTook666
Elfo Noldor
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MensajePublicado: 14-11-2003 00:40    Asunto: Responder citando

Excelente Heya, me fascinó la riqueza de las imágenes de las que hacés uso.
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"There is no real going back. Though I may come to the Shire, it will not seem the same; for I shall not be the same. I am wounded with knife, sting, and tooth, and a long burden. Where shall I find rest? "
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Dalamar
Hechicero Oscuro


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MensajePublicado: 14-11-2003 00:59    Asunto: Responder citando

Heya... ya lo habia leido.. pero ahora q lo releo me gusta mas q antes... Muy Feliz!
Muuuuuuuuuuuuy bueno....
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WickedSky
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MensajePublicado: 14-11-2003 02:24    Asunto: Responder citando

Wow, Hey!
Muy bueno, tenés un manejo del idioma y de las situaciones difícil de encontrar. Y sí, me hizo acordar a Lovecraft, pero con un soplo refrescante de siglo XXI. Conseguiste, mechando unas pocas frases como lo de la humedad o el reloj único, hacer que el cuento no se quedé sólo en el terror asfixiante (como si tuvieras esa gelatina anaranjada impidiendote respirar), sino que también sea capaz de arrancarte una sonrisa en el momento adecuado. Muy bien logrado!!!
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Lord Daril Riuuallon
Valar
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MensajePublicado: 14-11-2003 12:29    Asunto: Responder citando

Excelente... como de costumbre.

Esta vez me llamó la atención el personaje de Trece. El manejo de personajes no-humanos es complicado para la mayoría de los autores (al menos los que llegué a leer), en la medida que no sólo tienden a "humanizar" o situar los animales en situaciones y conductas poco creíbles, sinó que además -y más aún si se trata de un gato- es como que no terminan de comprender la relación de estos con sus dueños.

Detalles como "Busqué a Trece con mis pies" o "Lloviznaba, y Trece había quedado durmiendo plácidamente en su canasta, en el comedor. Me dio pena sacarlo al patio, y pensaba volver a lo sumo en una hora, así que lo dejé adentro", me transportaron definitivamente dentro de la vida cotidiana del personaje.
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Taurëndil
Numenoreano
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Registrado: 17 Jun 2003
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MensajePublicado: 14-11-2003 17:53    Asunto: Responder citando

Buenísimo, Héya!!! Aplausos! Aplausos! Aplausos!
En serio, muy, pero muy bueno. Cool tenía razón, escribís muy bien. Me encantó tu cuento. Lo más elogiable me parece que es la atmósfera, especialmente cuando el protagonista se encuentra en la casa del viejo y estudia el reloj mientras Daniel le trae refrescos. Pude sentir la abstracción con la que el amo de “Trece” estudiaba el reloj en el silencio de la habitación, y también como esa pasión se transforma en pánico a medida que las voces aumentan y la situación se sale de control. Está muy bien escrito y me gusta mucho como está caracterizado cada personaje. Por último, un aplauso para Trece. Me encantó ese toque. Me lo imaginé siguiendo al dueño del negocio por todos lados y poniéndose loco cuando su amo le muestra el reloj maldito. Seguí deleitándolos con tu imaginación, Héya. Un abrazo... y un saludito pa' Túlu
P.D: Algunos fragmentitos que me llamaron especialmente la atención:

"Toqué el timbre una vez, deseando no electrocutarme, y esperé. Estaba por tocar de nuevo cuando escuché unos pasos en el pasillo y esperé. La puerta se abrió y un joven me preguntó si era ‘el señor de los relojes’. Sonreí, imaginándome dueño del Reloj Único, que cuando te lo ponías, desaparecías"

"...entonces escuché un terrible grito, de una voz ahogada, viejísima, terrible... Sentí que se me aflojaban las piernas, y me senté, muy mareado. Llamé a Daniel, pero lo escuché gemir del otro lado de la puerta cerrada"

"Una granja olvidada, en un valle desolado; un libro enigmático cuyas fórmulas y dibujos me atormentaron haciéndome llegar casi al desmayo; un viejo ermitaño, del que se murmuraban las más terribles acusaciones; Entidades escondidas, que vigilaban desde el espacio; el fragor de las montañas..."

"Trece jugueteaba con mis pantalones, y de golpe clavó sus uñas en mi pierna tan fuerte que me asusté. Lo miré, y en sus ojitos verdes se dibujaba un genuino espanto. Cerré la caja, y ambos nos tranquilizamos.
A la medianoche subí al auto con el resto del ron, la caja con el reloj, y Trece, durmiendo en el asiento de atrás."
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Nienna
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MensajePublicado: 15-11-2003 04:58    Asunto: Responder citando

Muy bueno Heya!! Ya te han dicho mucho mejor de lo que podria hablarlo echo yo lo que me parecio el cuento guiño . Aplausos!


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Nien
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Si ud quiere saber lo que una mujer realmente piensa, mírela, no la escuche. (O. Wilde)
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Bárbol
Maia
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MensajePublicado: 15-11-2003 15:50    Asunto: Responder citando

Cita:
La sangre en el reloj, como arena sagrada, fluyendo en mágicos borbotones. Gritos incoherentes que no pude identificar como los de Daniel, susurros malignos que descendían desde la araña que iluminaba la habitación...Todo eso me enloquecía, mis pensamientos se desviaban en visiones de un pergamino de piel humana, escrito con sangre negra, antiquísimo y desconocido.


Excelente Heya, ya no se que agregar para elogiar tan buena obra.

“Era evidente que hacía un esfuerzo para hablar, en ese momento pensé que tal vez de trataba de una persona muy mayor, o con problemas de salud.”
No tendría que ser …pensé que tal vez se trataba de…? Solo una acotación que no sabría si es correcta.

Sin más, me despido con un Aplausos!

Bárbol
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"Aquel que sea inteligente, calcule el numero de la bestia; pues es numero de hombre,
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"No te apresures" Bárbol
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Lúthien Tinúviel
Hija del Crepúsculo
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MensajePublicado: 15-11-2003 17:29    Asunto: Responder citando

Aplausos! Aplausos! Aplausos! Excelente Heyis!!! Aplausos! Aplausos! Aplausos!
Seguí escribiendo, que me encanta cómo te sale! Muy Feliz!
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Heyadë
Elfo Noldor
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MensajePublicado: 17-11-2003 09:16    Asunto: Responder citando

Vergüenza Vergüenza Muchas gracias por vuestros cálidos comentarios...

Y me alegra que Trece haya sido de su agrado... Sonrisota

Nienor: je...este es un cuentito en modo homenajito a Howie... guiño
Petux: gracias! Me alegra que te gustara Sonriente
Dalito: si, vos ya lo conocías... Muy Feliz! Muy Feliz! qué bueno que te gustó guiño
WS: wow...me alegra que te atrapara el cuento Muy Feliz!
Daril: Gracias por tus comentarios...Trece está un poco inspirado en Paco Jajaja
Taurëndil: uhh! qué bueno que te gustó... Sonriente Te paso luego los relatos prometidos guiño
Nienna: gracias!!! guiño Muy Feliz!
Barb...sí, en realidad es ¨pensé que se trataba de...¨ Esto es así
Luzien: gracias por la incentivación, jejeje... Sonriente Muy Feliz!
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Goldilocks
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MensajePublicado: 17-11-2003 12:15    Asunto: Responder citando

¡Excelente recreación del espíritu lovecraftiano!
Me encantó.

Goldie
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Cool Valar
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MensajePublicado: 18-11-2003 08:42    Asunto: Responder citando

Muy Feliz! Muy Feliz! Muy Feliz! Muy Feliz! Muy Feliz!


pero.. vale la opinión de tu agente literaria???

Jeje


abrazo
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Heyadë
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MensajePublicado: 18-11-2003 09:25    Asunto: Responder citando

Goldie: me alegra que te gustara!! Sonriente

Sis: ejem...siempre!! guiño Esto es así Todo bien METAL! abrazo
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Ulver
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Ubicación / Smial: Los bosque de La Plata

MensajePublicado: 18-11-2003 18:38    Asunto: Responder citando

Heyota, me encanta como escribís, sencillo con palabras justas así como los nombre que elegís para los personajes... ahora, que es eso de que Dala ya lo había leído (/me se pone MUY celoso) Jeje
Heyus, veo que la visita de H.P deja huellas... cuando puedas, publicate MAS!
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No leas para contradecir o refutar o para creer o dar por bueno, ni para buscar materia de conversación o de discurso, sino para considerar y ponderar lo que lees.
Francis Bacon
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Ged
Trasgo
Trasgo


Registrado: 04 Jul 2003
Mensajes: 32
Ubicación / Smial: Roke

MensajePublicado: 20-11-2003 14:16    Asunto: Responder citando

Excelente!
Me encantó!
La verdad, tenés un gran don para la escritura, te felicito!

Leemonos!

Ged
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Red Sun rising
Drown without inhaling
Within, the dark holds hard
Red Sun rising
Curtain falling
Higher than hope my cure lies


"La luz es la mano izquierda de la oscuridad,
y la oscuridad es la mano derecha de la luz.
Las dos son una, vida y muerte, juntas
como amantes en kémmer,
como manos unidas,
como el término y el camino."
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Heyadë
Elfo Noldor
Elfo Noldor


Registrado: 25 Feb 2002
Mensajes: 719
Ubicación / Smial: Meseta de Leng

MensajePublicado: 20-11-2003 14:52    Asunto: Responder citando

Pulover: je...Howie siempre deja huellas (bituminosas... Muejeje )
Te prometo llevarte un relatillo el domingo guiño

Ged (y violín) Jajaja Vergüenza muchas gracias Vergüenza
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"Un padre que da consejos...
más que padre,
es un fiestero"
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