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Kupuka Trasgo

Registrado: 08 Abr 2005 Mensajes: 27 Ubicación / Smial: Mendoza 2246, Belgrano
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Publicado: 20-06-2005 00:00 Asunto: Algo que escribi hace tiempo... |
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Se acercó a la muralla silenciosa pisando con cuidado. A su lado Nimrod tensaba el arco y contenía la respiración. Escuchó los murmullos del elfo:
- Yrch, Yrch, Yrch- Una y otra vez.
- ¿Estás seguro?-
- Eh? No, solo pensaba-
- Allá está la puerta-
Desenvainó, calzó el escudo y cerró el yelmo, mientras pensaba.
- En verdad, es en ocasiones como estas que uno se cuestiona su estilo de vida- Del otro lado de la muralla un dragón o algo por el estilo esperaba (para darles la muerte dolorosa de su preferencia) no estaban seguros de que porque los pobladores cercanos tenían terror del lugar (Que novedad!).
Miró hacia atrás, hacia el bosque, verde y fresco, y más allá creyó ver tres figuras en el camino. Las señalo con la espada y el elfo se detuvo y las observó.
-Sí, son ellas-
Pensó en volver y escaparse por el bosque, pero supo enseguida que las tres habían venido para asegurarse de que no se le ocurriera nada raro. Había que reconocerlo: sabían hacerse atender. Recordó como las habían conocido.
Hay unas 30 jornadas a caballo desde Chirs hasta el castillo de Duralm. Los dos viajaban a pie, escapando de la guardia del rey Klek de Chirs. Los perseguían porque…
Bueno, de todo un poco. Robo, insurrección, desacato a la autoridad. Pero lo peor fue cuando a Dälar lo encontraron en la alcoba de la princesa Klian, hasta entonces doncella.
En todo caso, estaban tirados en el pasto al otro lado del terraplén del camino cuando escuchó el sonido de varias personas a pie que venían por el camino. Nimrod, tirado fumando, también las escuchó, pero no le preocupó. Alzándose sobre un codo, con la cara en sombras por la capucha, el hombre espió el camino y vio tres caminantes embozados en capas.
-Son tres, no parecen peligrosos-
-¿Dinero?- Ni siquiera se descubrió la c ara
-No, parecen pobres como ratón de iglesia-
-Dejalos-
Ay! Si hubiese hecho caso. Pero no, tenía que ser: Se paró de un salto.
-Salud, caminantes!- Gritó –A donde se dirigen este día?-
Al instante se detuvieron, alzaron la vista y se deshicieron de sus capas. Cuando las vio, Dälar se tiró al piso y maldijo en voz baja. Levantó apenas la cara y vio que se dirigían hacia él.
-Nim- tragó, nervioso –Vení, mirá en la que nos metimos-
Mientras se incorporaba le preguntó
-¿Qué? ¿Son los guardias de Klek?-
-Peor. Una elfa, una shiktah y una jinn- Lo miró desesperado, mientras él observaba el camino.
-Es verdad, son. Armadas, y vienen derecho hacía acá-
_ ¿Que hacemos? ¿Nos escondemos, corremos?- agitó al elfo por los hombros.
Nimrod lo miró con curiosidad, armó el arco y le contestó.
-¿Podés correr más rápido que una shiktah? ¿O una flecha?- tiró la capa al piso y calzó una flecha en el arco.
-De última, tenemos que rogar que no quieran pelea-
Subió al terraplén y observó a las tres, que se acercaban cada vez más. Parados lado a lado, esperaron estoicos.
Aunque pueda parecer exagerada una reacción así por tres mujeres, debe explicarse: una elfa, con un arco por demás, es mortífera. Una shiktah (raza humano-felina, grandes guerreros) es más veloz y fuerte que un humano y las Jinn son hechiceras poderosísimas, diestras en magia blanca, negra, y varios tonos de gris
Cuando se acercaron lo suficiente para ver algunos detalles, el elfo comenzó a sonreír, luego a reír, pasando a carcajadas, y risa histérica tirado en el pasto, golpeando los puños contra el pasto y pataleando. Dalär lo miró espantado y empezó a gritar.
-No! A este le zafó la chapita! Socorro!! Auxilio!! Ayudaaaaaaaaaa!!- corría en círculos, aullando de una manera realmente poco apropiada en un guerrero.
Nimrod se contuvo lo suficiente como para calmarlo:
-Callate y miralas, miralas bien, los pies, las manos, las armas, la... pfffffff… jajaj-
Se ahogó y no pudo seguir. Dalär levantó la vista y observó bien a las tres. Al ver sus ropas ricas, bordadas y sus botas suaves y livianas se dio cuenta: No eran guerreras, eran princesas! Casi se desmaya del alivio y comenzó a reírse igual que Nimrod. Tirados en el piso, abrazados, todavía rugían de risa cuando las tres asomaron la cara sobre el borde del zanjón seco donde habían rodado. Al oír un carraspeo miraron hacia arriba, a tres caritas frescas, hermosas y totalmente contraídas en mohínes de ofensa y orgullo herido.
La elfa, que parecía la guía del grupo, les habló:
-Salud a ustedes también, caballeros. Que os causa tanta hilaridad?- Se detuvo a esperar el efecto de sus palabras, pero ni se inmutaron. Luego de un minuto o dos, Nimrod juntó suficiente aire para explicar:
-Lo que pasa, sus majestades, es que en nuestra condición de fugitivos tendemos a tensarnos un poco ante señales de peligro, y cuando vimos que solo eran tres princesas, bueno….-
-Estalló la presión, por decirlo así- completó su compañero-
Las tres se miraron, indignadísimas, lo que causó aún más risas de los dos.
-Les exijo respeto, gentiles señores- y guardó el arco
-Pffffffffffff… Jajajajaj…. Agggg Cofcof… Me mueeeroooo-
-Calmate, calmate, calmateeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee- lo sacudió, inútilmente, y enfrentó a las damas – Discúlpenlo, mi compañero esta agotado- señaló hacia un montecillo cercano –Sentémonos a esperar que termine el episodio, sí?- Se miraron, lo miraron y asintieron.
-Entonces, les cuento-
El padre de Dälar, pobre, tuvo cuatro hijos y cuatro hijas. La mayor y la segunda se casaron con dos reyes más o menos poderosos, todo bien. El mayor era un nabo… bueno, esteee, no era muy vivo. Una vuelta, cazando en el bosque con sus caballeros quiso matar un jabalí padrillo el solito, se partió el asta de la lanza, y solo el asta volvió al castillo. El segundo llegó a hombre bueno, querido, con prometida, castillo en construcción, tropa. Y en la primera invasión de orcos que tuvo que rechazar, una manada de licántropos lo acorraló. Mató a diez antes de que bajaran el caballo, y otros seis a pie, pero cayó y no volvió a levantarse más. La prometida se hizo monja, el castillo pasó a cripta, y lo lloraron un año entero. La tercera hermana se casó con un emperador, que pagó una dote inmensa, firmó pacto de amistad y no se lo vio nunca más. Una vez por año manda una carreta de oro, pero nada más.
El hermano mayor de Dälar se entrenó, se casó y vive a un mes a caballo de distancia. Hay mucha comunicación y los padres lo respetan muchísimo, pero es un prisionero en su reino, por su esposa, que es divina pero medio… bueno, desconfiada.
La última hermanita, cinco años menor que mi compa, es la nenita. Todos la quieren, la miman, la adoran. Ni piensa casarse, solo quiere vivir en el castillo tranquila. Dälar la cuida montones.
En cuanto a él lo golpeó duro que a sus hermanos les fuera tan mal, así que se lanzó al mundo. Su padre le rogó que se quedara a su lado, pero él solo acepto llevar un guardia que su padre le asignara, y solo luego de los ruegos de su madre y su hermana. Justo en ese momento mi padre y el suyo buscaban una manera de sellar un pacto, y se acordó que yo lo acompañara hasta donde él quisiera. Le salvé el pellejo por lo menos diez veces, y él otras tantas. Llevamos viajando casi dos años, entrenando y aprendiendo variadas disciplinas…….
-Y ustedes?-
La elfa, demostrando su seguridad de líder, comenzó.
El bosque de Quernian separa las montañas de Olir del país de Onar. Mi padre reina sobre el bosque y todas sus criaturas, pero no tiene hijos a quien dejar el trono, por lo que buscaba un candidato a marido de Minedhel (o sea yo) –Mucho gusto, Nimrod- pero solo había princesas: Ahöle ( señaló a la Shikta, ocupada lamiendo el dorso de sus manos y restregándolas contra su cara) y Killara ( levantó la cabeza), por lo que mi padre, que viva hasta que sus huesos sean polvo, decidió un a salida poco ortodoxa: casarme con alguna de las dos, la que fuese más de su gusto para engendrar un heredero.
Invitó a las familias a nuestro palacio, donde quería elegir a la mejor “nuera” y convencer a su padre del genial plan. Pero cometió un error: dejó que paseáramos juntas, ocasión que aproveché para comentarles sus intenciones a mis amigas, que decidieron huir conmigo. Llevamos corriendo un mes, se murieron los caballos de guerra que robamos (una mirada de curiosidad del elfo) y perdimos todo el oro en ropa (expresión de incredulidad mortal).
-Que interesante- comentó Nimrod –Como perdieron los caballos?-
-Se murieron- la gata habló por primera vez –No me creyeron que comían, bebían o dormían,- señalo a las dos muy sonrojadas chicas- hasta que los caballos cayeron de bruces en el camino
Algo pesado cayó sobre ellos emitiendo entrecortados resuellos
- Mpffff Comer.. bruces.. tres ‘aballos… como mil daucos…- agarró al elfo por el cuello de la túnica- te das cuenta??-
- Bueno, bueno… no es para tanto. De donde caíste?-
- Estaba colgado del árb…- Quedó duro señalando hacia arriba, encolados los ojos a la gatita, ahora sin capucha y enroscándose el pelo con una mano, bastante molesta por la caída-...ol…- tragó y se repuso- Hola- Guiñó un ojo y se incorporó
Las tres se miraron, divididas entre la curiosidad y la risa.
- Les contaba de tu familia- comentó Nimrod, y la expresión en la cara del aterrizado cambió totalmente
-Ah… Sí, que bien- Se sentó con la cabeza gacha
- No te preocupes… lo entendemos perfectamente- la elfa le apoyó una mano sobre el hombro en gesto magnánimo
- Viniendo de una persona de su categoría, me siento halagado…- realizó una floritura –Así que… Minedhel, Killara y Ahole…- Sendos asentimientos- Hacía donde huyen?-
-Hacia el lado opuesto de donde vinimos- Contestó con sorna
Y ahora no se les despegaban ni un segundo. Andá a saber porqué., ya que eran muy capaces de defenderse. Varias veces había demostrado Ahole las dotes guerreras de su raza, y Killara su gran habilidad con los conjuros de fuego y explosión….
-Ya llegamos hasta acá, lo menos que podemos hacer es terminar con esto…- inspiró para darse confianza, encaró el portal del castillo y señalo al elfo que se colocara detrás de una de las columnas que sostenían el pórtico.
Entró al umbrío patio exterior del castillo, donde había armaduras enmohecidas por montones, además de viejos esqueletos de caballos y vacas. Luego de asegurarse de que se encontraban solos, penetró al recinto interior, guardado por los esqueletos de hierro de lo que alguna vez habían sido las puertas del salón del trono.
Ya allí se percibía el olor a encierro tan particular de los dragones, una mezcla de azufre, carne podrida y madera húmeda… se pararon espalda con espalda en el medio del inmenso salón de piedra, y giraron buscando algún movimiento, un sonido que delatara un enemigo.
-MMM, es raro que no nos haya olido…- comentó el arquero, observando de reojo la entrada a la cueva, un hueco irregular en la pared posterior
-¿VERDAD QUE SI?- la voz los sorprendió, y ninguno pudo reaccionar antes de ser levantados en el aire por un par de enormes garras afiladas y huesudas.
Miraron hacia arriba, y vieron al dragón, colgado entre dos columnas, con su cola enroscada a una de las vigas del techo, el azul de su cuerpo resaltaba contra la luz rojiza que emanaba de sus hollares y boca y se translucía en sus ojos.
-¡Estamos fritos!- grito el guerrero, balanceándose cabeza abajo, observando su espada en el suelo, a diez metros de distancia
-Creo que una descripción más acertada sería asados, rostizados en todo caso…-comentó el elfo, que aún mantenía firmemente agarrado su arco, y la flecha tensa en la cuerda.
-VAYA VAYA, ¿ESTE TIENE SENTIDO DEL HUMOR, EH?-
- En momentos como estos, es lo único que queda, ¿verdad?- se dirigió a su compañero, que se encontraba ocupado golpeando la garra con toda su fuerza
-¿ASI QUE LOS GUSANOS DEL PUEBLO SE DECIDIERON A TOMAR ACCIONES? ADORABLE-
- En realidad, buscábamos emmm buscábamos ¿?-
-¿La salida?-
-¿LOS DOS TIENEN SENTIDO DEL HUMOR! QUE MARAVILLA-
En ese momento, justo cuando pensaban que su muerte era segura, sonó un toque de clarín a las puertas del castillo, tres voces agudas ordenaron una carga y miles de pies se precipitaron hacia el castillo.
La cabeza cornada del enorme monstruo se dirigió con rapidez viperina al origen del sonido, y a través de uno de los múltiples agujeros del techo pudo ver tres jinetes que encabezaban una tropa numerosa.
-¿Son ellas, verdad Nim?- la expresión de terror de su rostro era impagable
-Sip- se encogió de hombros
-AMIGAS SUYAS? PARECEN SIMPÁTICAS, PERO DEBO IRME- los soltó y remontó vuelo
Mientras Dälar aterrizaba sobre su cabeza hecho una pila, Nimrod ya había empuñado su arco y lanzaba una flecha en el instante de caer al suelo. Ya había guardado el arco y estaba agachado junto al humano cuando el aullido de dolor llegó desde el techo.
Estaba examinando el cuerpo inmóvil y ellas llegaron… Minedhel empuñando su arco, Killara envuelta en un aura dorado-rojiza, y Ahöle acariciando su espada y cantándole suavemente.
Dälar abrió un ojo, miró alrededor, y lo volvió a cerrar. El elfo entendió enseguida. Suspiro ruidosamente y se levantó para encarar a las chicas.
-¿Qué pasa?- inquirió la elfa con su habitual simpatía - ¿Se durmió?- las otras dos observaban curiosas al hombre
- Está dormido, pero no se va a despertar… tiene roto el cuello- giró la cabeza para que no notaran su expresión risueña
-¿M-muerto? No es posible, él…- su actitud cambió instantáneamente, por la culpa.
Mientras que la maga permaneció de pie inmóvil con la cabeza ladeada y fue perdiendo su aura, Ahöle se arrojó inmediatamente al suelo, levantó la cabeza del “muerto” y comenzó a gritar de una manera realmente terrorífica
- ¡¡Imshi krra fumlük da!! ¡¡ Da nem irlïk ¡!- sollozaba y se hamacaba sobre sus rodillas, apretando el cadáver contra su pecho.
-¡¡¡¡¡Ummppphhh!!!!!- se escuchó, y los desconsolados sollozos de dolor y pena cesaron de una. – O ued esira- Como si fuera una araña, la gata soltó el cuerpo de Dälar de golpe
-¿¿Qué??- el tono de sorpresa y rabia era encantador
- No puedo respirar… ¡Sorpresa!- PLAF! Y la sonrisa se borró de su cara…
-¡¡¡Sos un idiota y no te soporto!!!- giró sobre sus talones y salió, seguida de cerca por sus dos compañeras de armas.
-Mala idea, macho- comentó el elfo, al pasar a su lado y palmearle el hombro.
Así que quedó solo, sentado en medio de un castillo destruido, contemplando la puerta vacía y preguntándose el porque de las mujeres. Finalmente decidió que no tenían un porque, se levantó, enfundó su espada, levantó su yelmo y desempolvó su chaleco. Se dirigió a la cueva, llenó de monedas de oro sus bolsillos y siguió al resto de su compañía, silbando despreocupado. Realmente no consideraba esa bromita como un incidente serio. Cuando salió al patio ya la magia de la criatura muerta comenzaba a desvanecerse, y las nubes de humo dejaban paso al sol de la mañana.
Las hordas que habían escuchado se disolvían ya en la distancia, siguiendo a su ama. Pero otras subían por el camino, hambrientas de carne de dragón, y de una parte del tesoro. Pronto los recaudadores y los guardias del señor feudal llegarían para tomar la mayor parte, pero hasta entonces era del que lo recogiera.
Las colinas eran verdes y corrían perpendiculares al río… el río… mmmm, un río. Al acercarse a la ciudad de… mmm La Ciudad, las pasturas salvajes cambiaban en campos cultivados, con cereales, frutales y ganado. Aun así, no había casas fuera de las paredes de La Ciudad, por el miedo que le tenían los campesinos al difunto… típico. Las puertas de la ciudad eran guardadas por un regimiento de infantería, que permanecía en barracas cerca de la puerta, turnándose en guardias de cinco hombres. Luego de entrar en la ciudad se dirigió al palacio para informar al escriba de la muerte de… de… ¿¿?? El Dragón. Más allá de solicitar una prueba fehaciente (un diente), lo solucionó como un tema de rutina, le entregó el dinero de la recompensa y el título de propiedad del castillo y las tierras adyacentes. Lo canjeó rápidamente por otro tanto de monedas de oro, y se deslizó por las callejuelas hasta la posada… La Posada, en donde se hospedaban. Dejó a su caballo… Nariel (por fin una) en el establo junto a las cabalgaduras de sus compañeros.
Antes de entrar controló que no hubiese movimientos sospechosos en el callejón (nunca se puede ser demasiado precavido) y pensó en una buena disculpa para su broma… no es que considerara que necesitara una, pero no se debiera descuidar nunca dos cosas: dragones y mujeres… bueno, solo mujeres.
Nunca deja de sorprenderme-pensó-como se las arreglan para que todas las posadas siempre estén mal iluminadas y llenas de humo. Buscó al resto de su compañía y los encontró sentados junto a la chimenea, Nimrod tenía los pies sobre la mesa, su espada sobre la falda, la pipa en la boca y se hamacaba cómodamente. Minedhel parecía dormida sobre la mesa, mientras que la maga hacía notar su condición dando extraños brillos a su cerveza y haciéndola flotar sobre la mesa. Parecía que mish se había retirado a dormir, pero al acercarse la vio, acurrucada en el suelo, cerca del fuego, ronroneando suavemente. Las tripas le sonaron como un arpa con distorsión y permaneció duro admirando la belleza salvaje y extraña de su cara…
-Una cerveza- pidió a una moza que se acercó _________________ Mess with the best, die like the rest |
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