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Saruman Trasgo

Registrado: 02 Abr 2005 Mensajes: 49
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Publicado: 18-04-2005 02:53 Asunto: Tres Cuentos Cortos |
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Bueno, acá escribo tres cuentos cortos. Espero que no se cansen de leer antes del final... creo que los tres valen la pena. Espero sus opiniones.
Alan Becket, Poco Eficiente
Alan Becket miró su reloj de oro y aguardó en el censor. Faltaban aún cuatro minutos para las nueve, hora en la que debía entrar en la oficina. Al dar la hora exacta abrió la puerta del despacho. Todos los empleados lo miraron. Miraron el mismo sombrero marrón, justo encima de los anteojos negros que solía llevar, sin ningún tipo de juego con el saco negro y los pantalones que usaba. Pero sobre todo, vieron esa corbata, que nunca se había cambiado desde que trabajaba allá.
Nadie saludó a Alan Becket cuando entró, como era usual. Al llegar a su cubículo se sentó en la silla de madera desvencijada, que le habían ofrecido cambiar hace dos años. Observó con dedicación cualquier detalle de su oficina, sólo para asegurarse de que todo seguía en orden, aunque siempre seguía igual. Luego, comenzó a ver las hojas de su trabajo. Completaba las planillas comerciales de una empresa poco conocida, una en una. La mayoría de los números que debía poner eran los mismos, además siempre se trataban de pérdidas. En los años que había trabajado para ellos, muy pocas veces había visto ingresos a la empresa.
Leyó pérdida tras pérdida, intereses de deudas que crecían en el banco, y otras boletas, comunes en su caja de trabajo. Sin pensarlo, un papel, el quinceavo papel de la pila, más chico que el resto lo sorprendió entre cuentas a pagar. El papel era blanco, apenas más chico que uno tipo carta, y en bastante mal estado. Lo leyó, y lo dejó de nuevo, en el quinceavo puesto, luego se puso a caminar dentro del cubículo, de un lado a otro. Lo hizo durante doce minutos, mas cuando transcurrió el tiempo, buscó el quinceavo puesto y releyó el papel.
Alan Becket se encontró murmurando en el banco de la recepción, para ir a la oficina del gerente de la sección de Administración. Cuarto piso, oficinas dieciséis, diecisiete y dieciocho. Aguardó durante veintitrés minutos y doce segundos, golpeó el pié contra el suelo sesenta y ocho veces hasta que se le durmió, y volvió a hacerlo cuatro veces más, cuando la recepcionista le indicó que debía pasar al despacho del gerente. Allí lo esperaba el señor Darle McGowl, gerente de Administración, quien tenía a su cargo a cuarenta empleados. El señor McGowl le pidió al señor Becket que le explique por qué quería renunciar. En respuesta, Alan Becket le entregó la nota.
Salió a las tres y veintidós, con doce segundos. Su reloj de oro estaba un poco opaco y debería lustrarlo en la joyería que quedaba en Washington y Longbottom, número setecientos cuarenta y tres. Allí lo atendería el señor Hills donde le lustraría el reloj y lo despediría. No tardaría más de cuatro minutos. Cruzó la puerta del trabajo y se dirigió a su casa, considerando que sería una imprudencia ir a la joyería que quedaba en Washington y Longbottom a las tres y cuarenta, aproximadamente, cuando lo hacía, regularmente cada tres miércoles a las ocho y cuarenta y cinco, en horario promedio.
Abrió la puerta con su única llave plana, dentro de un llavero de tres llaves, con argolla de acero y se sacó el saco y el sombrero a las tres y treinta y cuatro. Luego se sentó y miró la televisión durante ocho minutos, tres segundos y ocho décimas. El reloj estaba un poco opaco, y debería haberlo lustrado en la joyería que quedaba en Washington y Longbottom, número setecientos cuarenta y tres. Donde seguramente lo atendería el señor Hills, y donde no tardaría más que cuatro minutos, doce segundos. El señor Hills es un hombre anciano, muy probablemente de unos sesenta años.
Alan Becket no estaba seguro de que el señor Hills tuviera sesenta Años. Ahora no podía fijarse qué hora era, porque su reloj de oro estaba opaco. Tampoco podría hacerlo limpiar por el señor Hills, que tal vez sería un anciano, pero tal vez sería un hombre joven con alguna enfermedad. Agarró un papel y lápiz y comenzó a sacar cuentas. Según la hora en la que había salido y su hora de llegada serían las tres y cuarenta y dos. Pero, no tuvo en cuenta el tiempo que tardó en hacer las cuentas. Así que fue a su portafolios, sacó la carpeta donde estaba la hoja quinceava de su caja de trabajo. La releyó a una hora inexacta en la que aún había sol, pero no podía decirla porque su reloj estaba un poco opaco y no podía ni siquiera verlo, y no podía acudir a la joyería en Washington y Longbottom número setecientos cuarenta y tres donde lo atendía el niño Hills para poderle lustrar el reloj y determinar qué hora era, y la tiró al suelo.
Alan Becket se encaminó a su habitación y cerró la persiana. Luego, se anudó fuerte la corbata y se puso en puntas de pie al lado de la puerta, entornada. Colocó la punta de la corbata en la hendija que quedaba entre la puerta y el marco. La cerró, y dejó de hacer fuerza con los pies para estar más alto. El oxígeno de su cuerpo tardó dos minutos y cuatro segundos como mínimo en dejar su cuerpo. Una vez ocurrido esto eran las tres y cincuenta y uno cuando comenzó a apestar su propia habitación.
Dos días y cuatro horas, con treinta minutos exactos después de su defunción lo encontró la policía. El cartero había encontrado extraño que no hubiese recogido sus cartas el primer día que había pasado, a las seis y doce de la mañana, horario promedio. Al pasar al segundo día y ver que aún no las había recogido, a las seis y doce de la mañana, se dirigió a la estación de policía, que quedaba en América y Lindsey, número mil trescientos cuarenta. Allí, habló con el oficial “Sparkey”, cosa que no le debe haber tomado más de catorce minutos, llenó una declaración y se dirigió, junto con una patrulla de policía hacia la casa del señor Alan Becket.
El policía forense Samuel Ibrahím, proveniente de la India, nacido un doce de Agosto a las dos y veinticinco de la tarde inspeccionó un sobre que había al lado del suicidado. Allí había un papel blanco, ligeramente más pequeño que uno tamaño carta. En él decía “Al señor Alan Becket, de sus compañeros de trabajo. Usted es POCO EFICIENTE” atentamente, TODOS.” Al lado de la firma, había dos lágrimas. Eso se pudo identificar por el agua salada que proviene de los ojos de una persona al llorar.
El Espejo
Un sábado cualquiera decidí comprar el espejo que ahora está en mi cuarto. Es casi de mi altura y casi me dobla en ancho. Lo compré porque es perfecto para mi cuerpo, y desde ese entonces nunca dejé de verme en el espejo antes de salir. Ese espejo reflejaba no sólo mi imagen, sino que incrementaba mis expresiones y sensaciones. Si me ponía una camisa que no me gustaba, y me miraba en cualquier otro espejo, podía no darme cuenta, pero con este espejo lo notaba enseguida.
Gracias a este espejo logré atraer a María. Si, a ella que me hacía reír en las noches de verano, cuando el viento corría entre la sábana y su cuerpo desnudo. También ocurrió así con Paula, Jimena, Ana, tantas otras... y siempre que estaba con ellas, las miraba por el espejo, que tenía en frente de la cama, al lado del televisor. Mientras estuviésemos en el cuarto, podía verme a mí junto a quien sea.
Cierta ocasión en la que Verónica yacía dormida a mi lado, y yo observaba mi expresión de satisfacción en el espejo, creí sentir una presencia además de nosotros dos. Luego volví a mirar al espejo, me sonreí inocentemente, así como preguntándome quién más podría estar aquí e intenté dormirme. Pero no pude. Estuve dando vueltas entre las sábanas durante un largo rato, preocupándome por este nuevo temor. Miraba al espejo en busca de cualquier desconocido que pudiese haber entrado. Nunca vi a nadie más que a nosotros dos.
Ya bastante nervioso me decidí a prender la televisión. Debido a la hora, muy probablemente, daban una programación espantosa. A los pocos minutos volví a apagar el aparato y quedé a oscuras. Sólo oía mi respiración, el ruido de las agujas del reloj y una sirena de algún vehículo de policía que pasaba por la calle a alta velocidad. El sudor comenzó a perlar mi frente, podía verlo en el espejo incluso antes de sentirlo en mi piel. Mis uñas se divertían con la sábana, el ventilador girando arriba de la cama era un pasatiempo para mis ojos, pero mi mente aún se concentraba en la presencia de alguien más. Alguien inescrutable, pero ya obviamente presente.
Era una locura, me dije. Una tontería, un miedo infantil. Nadie podría entrar, mi edificio tenía un guardia de seguridad, y mi puerta, una cerradura de buena calidad. Tampoco podría haber entrado nadie por la ventana. Además ¿quién sería capaz de entrar a estas horas a la casa de alguien como yo? No, nadie entraría a mí casa.
La sensación de que alguien estaba allí se intensificó. Lo sentí en el corazón, en el pecho. Fue como entrar a una habitación donde están viendo TV. Uno no sabe que esta el aparato encendido, sin embargo lo presiente. Igual me ocurrió. No sólo había alguien en mi casa, sino que había alguien en mi cuarto. Era demasiado obvio ahora, podía escuchar su respiración. Es más, no había otro sonido más que su respiración ya, y eso comenzó a aterrarme.
En ningún rincón podía ocultarse nadie, tampoco podría estar debajo de mi cama, pues tenía un colchón extra. ¿Dentro del armario? Imposible, las puertas estaban abiertas de par en par, y con la cantidad de ropa que tenía, sería imposible que alguien se ocultara ahí. No, esa persona estaba en la habitación, y no necesitaba ocultarse. No tenía por qué, el asustado era yo. Sólo yo tenía miedo esa noche, porque mi acompañante no tenía nada que temer.
Razoné seguir el sonido. ¿De dónde venía? Cerca mío, a mi derecha. Era una respiración suave y profunda. No quería ver... Observar el espejo para descubrir a alguien y no encontrarme a mí sería similar a cometer sacrilegio, a entregar todo lo que uno puede salvar. Giré mi cabeza lentamente, y recordé al verla, había dormido con Verónica esa noche. Nosotros la estábamos viendo ahora y una vez aclarado el asunto, nos dimos media vuelta y nos fuimos a dormir. De todos modos, en mi mente perduró la idea de que en el espejo, yo no tenía nada que temer. Dentro del espejo, podría ser amigo de mi mismo, y tendría todo lo que necesito, mi cama, a Verónica o cualquier otra, tendría mi TV, mi armario y mis rincones. Si, sobre todo, podría vigilar bien los rincones.
Cuando me veía con Ella
Hablar de ella no me molesta, no. Es más, a veces necesito hacerlo. Creo que siempre que la recuerdo me falta algo, como un dejo de su apariencia. Me acuerdo del pelo largo, negro azabache como las esperanzas de yacer en su cama. También me acuerdo de los ojos oscuros, que despiertan amabilidad y confianza. Todo eso permanece en mi memoria, y más
Sin embargo hay algo que falta... un dejo de su apariencia. En mi mente aparece su imagen, pero es como una foto vieja que se empezó a blanquear. Algo falta, algo está más gris. Se ve su sonrisa radiante, y sus rasgos generosos. Puedo ver claramente su silueta recortada en el cielo y la calle.
El otro día me acordaba los días que pasábamos charlando en el jardín botánico. Siempre mirábamos a los gatos, caminábamos por abajo de unas plantas que habían crecido sobre unos caños. Era como un túnel selvático. Un túnel verde, lleno de flores por adentro. Era toda una experiencia... ir por el camino de piedritas rojas, a los costados el pasto y arriba el cielo. De pronto, te veías en una ligera oscuridad si el sol estaba en el lugar correcto, y la luz que entraba daba un color celeste a nuestras pieles. Si mirabas a las paredes de este túnel, veías una flor por cada dos o tres hojas, generalmente flores violetas o rosas.
Era una M***** salir del túnel. Era volver a ver las piedritas rojas en vez de su cara en tonos azules. Yo no quería ver el cielo, o el sol... yo quería ver las flores entre las hojas, yo quería vivir junto a su corazón. Me parece, creo, que el cuidador del botánico sacó parte de ese túnel. Ahora sólo queda uno de los dos lados. Si el sol está a tu derecha, no te ilumina directamente, sino que todavía filtra algo de luz azul... pero ya no es lo mismo. La luz azul se murió cuando la dejé atrás.
Todo se quedó atrás. Los paseos por el botánico, volver juntos del colegio, tirarnos en el pasto y charlar, nunca tocarla por miedo a que creyera que me gusta. Si, por miedo a que creyera que me gusta... Por favor! Vivir afuera del túnel para siempre no es para mí. Tener la piel al aire no es para alguien que prefiere sentir cosas a medias por miedo a las cosas que ella pudiera pensar. Y ahora, escribo esto sabiendo que nunca lo va a leer. Sabiendo que si lo lee, ella va a decirme que no sabe de quien se trata, o peor aún, me va a mirar y va a reírse como cuando le cuento un mal chiste.
Capaz, de eso se trata todo, de un mal chiste. Nunca les pasó el amor por encima? A mí me pasa el amor por encima, todavía. Llevo casi tres años enamorado y ella no lo sabe. Llevo casi tres años viviendo adentro de un túnel, pero es tan tupido que no deja entrar luz, y lo peor es que hay alguien conmigo en el túnel y no puedo ver quien es. La oscuridad provoca tensión, angustia en mi interior y creo que un día voy a volverme loco.
Quién sabe, capaz eso le pasó al cuidador del botánico... _________________ Embrace the power of the ring...
Or embrace your own destruction!!! |
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Meriadoc Brandigamo Señor de los Gamos

Registrado: 07 Feb 2002 Mensajes: 784 Ubicación / Smial: Casa Brandi, Los Gamos
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Publicado: 18-04-2005 19:02 Asunto: Re: Tres Cuentos Cortos |
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1)
| Saruman escribió: | | Abrió la puerta con su única llave plana, dentro de un llavero de tres llaves, con argolla de acero y se sacó el saco y el sombrero a las tres y treinta y cuatro. Luego se sentó y miró la televisión durante ocho minutos, tres segundos y ocho décimas. El reloj estaba un poco opaco, y debería haberlo lustrado en la joyería que quedaba en Washington y Longbottom, número setecientos cuarenta y tres. Donde seguramente lo atendería el señor Hills, y donde no tardaría más que cuatro minutos, doce segundos. |
Disfruté mucho leyéndolo, y noto reminiscencias de algo que no llego a precisar... ¿Cortázar?
2)
Muy bueno y sencillo, muy bien relatado también, aunque el tema del espejo es ya clásico, me gustó el que al final no hubiera nada más en la habitación, como en una fantasía infantil (o no entendí?).
3)
Bueno, mejor no hablar: estoy en la misma situación, creo que van tres años también. Si esta basado en hechos reales, suerte y que lo lleves adelante bien .
PD: En estos días de clases la gente esta ocupada, no como yo, porque supongo que de lo contrario se habrían tomado tiempo para comentar en estos lindos cuentos. _________________ Rol en vivo
La idealización hace real la perfección.
Noveno Día |
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Saruman Trasgo

Registrado: 02 Abr 2005 Mensajes: 49
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Publicado: 18-04-2005 22:36 Asunto: |
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Gracias por postearme, y sí, el personaje del segundo cuento tiene un síndrome narcisista... por eso sólo miraba el espejo. Había dos personas en el cuarto, para él... eran él y su reflejo. Me alegro ke te hayan gustado _________________ Embrace the power of the ring...
Or embrace your own destruction!!! |
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Lord Daril Riuuallon Valar


Registrado: 08 Ene 2002 Mensajes: 1311 Ubicación / Smial: Cerca de los bosques de Rhûn.
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Publicado: 22-04-2005 13:33 Asunto: |
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Excelente, me encantaron los 3 relatos, muy cerebrales y lógicos pese a tratarse básicamente de traumas y obseciones . Coincido con Meriadoc que el primer relato se disfruta mucho al leerlo. Me gustaron particularmente los datelles cotidianos que le dan una atmósfera muy adecuada.
La redacción si bien me pareció muy buena, bien hilada, se ve un poco estropeada por el uso de las comas, a veces hay muchas, y otras veces faltan, como por ejemplo:
| Cita: | | Sin pensarlo, un papel, el quinceavo papel de la pila, más chico que el resto lo sorprendió entre cuentas a pagar. |
Quedaría más claro con algo así:
| Cita: | | Sin pensarlo, un papel, el quinceavo papel de la pila —más chico que el resto— lo sorprendió entre LAS cuentas a pagar. |
_________________
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Saruman Trasgo

Registrado: 02 Abr 2005 Mensajes: 49
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Publicado: 23-04-2005 02:45 Asunto: |
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Verificado y corregido. Gracias por el dato _________________ Embrace the power of the ring...
Or embrace your own destruction!!! |
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Rossie Cotton Trasgo

Registrado: 10 May 2005 Mensajes: 24 Ubicación / Smial: En la Comarca
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Publicado: 14-05-2005 04:44 Asunto: |
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cortos?? jeje... son sencillos, coincido, pero complejos a la vez, no?... los personajes de los dos primeros no tienen un trasfondo psicológico muy complejo?, me gusta que así sea, le imprime veracidad al cuento y también le da carácter... muchas giladas estoy diciendo, no?... estan lindos, es lo importante
Meriadoc | Cita: | | estoy en la misma situación, creo que van tres años también |
...tres años?? te referís a quien yo conozco y con quien no hablo muy a menudo pero vos sí? o es alguien a quien conozco como a mí misma? quiero saber.... tres años?!?!?! |
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