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Reportaje sobre el metraje de Cannes proyectado en Argentina


Por Sineldor

     Aiya, Melloni!
Es con gran satisfacción que les anuncio que he alcanzado a estar presente en el Screening (proyección) del avance de 26 minutos de la película The Fellowship of the Rings (primera parte de la trilogía The Lord of the Rings), dirigida por Peter Jackson y producida por New Line Cinema.
En una convocatoria cargada de misterio y secreto, la Warner Bros. de la Argentina ofreció para la prensa local y para un muy reducido número de tolkiendili, la película que se exhibió en el Festival de Cannes, y luego en New York y en São Paulo.
La Warner invitó a una docena de miembros de la Asociación Tolkien Argentina (ATA), ofreció unas pocas invitaciones a través de un programa de radio, y completó con la prensa especializada argentina. Yo estuve presente en mi condición de Representante Latinoamericano de The Tolkien Society. Mi nombre fue incorporado a la escasa lista de invitados gracias a la mediación de la ATA, en la persona de su Vicepresidente Gustavo "Ramaviva" Famá, pues no había alcanzado a presentarme formalmente ante la Warner/New Line Cinema, por lo que desconocían hasta hace unos días mi designación.

¿Qué puedo decirles de la velada? ¡Fue mágica!
Al comienzo (y al final también) tuvimos el consabido lunch con champaña, sin el cual se dice que muchos periodistas no se hacen presentes en las convocatorias, que en este caso se realizó en los modernos cines de Village Recoleta, Buenos Aires, un ambiente digno para el acontecimiento.
Cuando llegó el momento de entrar, todos tuvimos que pasar por un marco detector de metales, como los que abundan en los aeropuertos, y luego revisaron las carteras y portafolios con detectores portátiles. ¿Por qué? ¡Estaba prohibido entrar con cámaras o grabadores!
Es decir que podemos contar lo que vimos y oímos, pero no podemos difundir las imágenes y el sonido de los fragmentos de la película. Se pretende llegar al estreno con un máximo de misterio, para que el impacto de la película sea mayor. Y lo entiendo.

***Quienes no leyeron el primer libro de El Señor de los Anillos, dejen de leer esto en este punto***

Excepto por algunos pasajes donde el ritmo del lenguaje cinematográfico obligó a comprimir el relato, y por algunas escenas que fueron ligeramente modificadas sin alterar el espíritu del libro (Bilbo le deja a Frodo el Anillo en el piso del hall de su casa, y no en un sobre, por ejemplo), nos llamó la atención la fidelidad a la obra original de Tolkien, especialmente en los diálogos. Recordemos que durante meses hemos tratado de interpretar los rumores que salían de los sets de filmación, imaginando un guión divorciado de la obra de JRRT. Parece que no es tan así.
La proyección, que, como dije, duró 26 minutos, comenzaba con Gandalf (Ian McKellen) sobre su carreta, llegando a Hobbiton. Pero junto a él estaba sentado un sonriente Peter Jackson (director de las películas), y ambos presentaban el cortometraje, en una escena marcada por el buen humor.
A continuación, Jackson desaparecía y ya teníamos la imagen asombrosa de Gandalf llegando a un Hobbiton habitado por hobbits atareados en la preparación del Cumpleaños de Bilbo Bolsón (Ian Holm). Fue el comienzo de una sucesión de imágenes que sirvieron para hacer una breve presentación visual de los protagonistas.
La visión de Bolsón Cerrado nos arrancó un primer ¡oh! (y de ninguna forma el último). Al entrar en esos mágicos aposentos muchos pensamos "¡quiero vivir allí!". La contemplación de esas estancias pequeñas, pero cómodas y acogedoras, fue un show aparte. Sobre la mesa de trabajo de Bilbo, vimos el mapa que JRR Tolkien dibujó para El Hobbit.
La fiesta de cumpleaños fue tan atractiva como uno se la imaginaba, y mejor aun, con los fuegos artificiales de Gandalf haciendo las mágicas piruetas que narra el libro.
Bailes, cantos, diversión y abundante comida y bebida: el sueño de todo hobbit.
Luego de la despedida (y desaparición) de Bilbo, Gandalf tuvo la consabida discusión con él para obligarle a dejar el Anillo Único a Frodo Bolsón (Elijah Wood). Una serie de flashes mostraron imágenes de la huida de Frodo y sus amigos hacia Rivendell. Aparece Trancos (Viggo Mortensen), el Ojo de Sauron, los Jinetes Negros, el enfrentamiento en la Cima de los Vientos...
Una vez en la casa de Elrond (Hugo Weaving), vimos fragmentos del Concilio en el cual se forma la Comunidad del Anillo. Finalmente, la caminata de la Compañía por las cimas de las Montañas Nubladas, escena que todos hemos podido ver en los trailers y previews.
A continuación, la proyección incluyó 14 escalofriantes minutos del episodio de la Compañía en las Minas de Moria, desde la puerta mágica ("Di amigo y entra"), hasta el encuentro con el Balrog y su fuego.
Decir que quedamos anonadados es decir poco. La magnificencia, la inmensidad y el antiguo esplendor que se adivinan en las ruinas del Palacio de los Enanos en Moria, exceden cualquier descripción. Bóvedas de altura increíbles,
sostenidas por cientos de anchas columnas talladas; escaleras construidas en al aire, al borde de abismos insondables; la cámara de la Tumba de Balin, con un rayo de luz que la baña desde el exterior; los esqueletos todavía enfundados en sus armaduras y abandonados donde han caído... Hay que verlo.
Luego, los sordos ruidos de los orcos, su ataque, el Troll, el miedo de los propios orcos ante la proximidad del Balrog... Sé que no les estoy relatando nada que no esté en el libro, pero no encuentro forma de transmitirles las emociones de verlo todo reflejado en la pantalla del cine.
Cuando Gandalf se ha plantado firmemente y frente a él se yergue el Balrog... se oscurece la escena y aparece el temido cartel: DICIEMBRE DE 2001.

Para cerrar la aventura que hemos podido vivir gracias a Warner Bros./New Line Cinema, se sucedieron escenas y flashes del resto de la primera película y de las otras dos, ya filmadas en su totalidad.

***Quien no haya leído los libros II y III de El Señor de los Anillos, dejen de leer esto en este punto***

Vimos a varios otros personajes y tuvimos un vislumbre de Lothlorien, el Abismo de Helm, el Palacio de Rohan, Minas Tirith y Mordor. Todo maravilloso, increíblemente logrado con las tecnologías cinematográficas más avanzadas.
Y por último, vimos a Frodo, bañado por la sulfurosa luz de las llamas del Orodruin, con el rostro desencajado y diciendo: "No lo haré. ¡El Anillo es mío!". Puso el anillo en su dedo y...
... todo terminó.
Un prolongado aplauso, adornado con exclamaciones de júbilo, fue el corolario de la proyección.
Al regresar la luz a la sala, nos palmeamos entre nosotros, en parte felicitándonos por haber presenciado esa maravilla, en parte queriendo estar seguros de que no habíamos soñado. Y nos retiramos con la amarga sensación de que los próximos cuatro meses serán los más largos de nuestras vidas. Sin embargo, valdrá la pena esperar...

Namárie!
Sineldor, el Ent de los Ayedos
sineldor@ciudad.com.ar


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